Laberinto
Y deambulo, como siempre, en un laberinto que parece no tener fin.
He lanzado el hilo dorado a la hoguera; a veces creo que no quiero salir.
Que temo demasiado y existe tan poco más allá del concreto...
¿Por qué debería mentir? El fauno muestra sus fauces, pero se me antoja afable.
Al menos más que el rostro de porcelana que han esculpido tras el cristal.
Los senderos siempre están iluminados, no como mi corazón.
Y en la esquina, el cálido rincón, me espera noche a noche con mis felices recuerdos.
Ya no están, pero que más da, si muero que sea de nostalgia y no de soledad.
Que si me pierdo que sea eternamente en los pasillos de concreto
No en arrepentimientos y miedos perpetuos.

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