Condescendencia

En los destellos
que llegan en el frenesí de los neumáticos; las pestañas danzan al son de un
tango de muerte.
De muerte,
porque es inevitable.
De muerte,
porque es certeza.
De muerte,
porque es el fondo.
De muerte,
porque no hay nada más.
Y en su
inocencia ajena; restriega sus párpados en expectativa paciente a que las manecillas
se posen sobre el número ocho. Como en espera de la cuenta de abrazos que comenzará
a perder ni bien cierre la puerta y deje atrás el espejismo de lo verdadero.
Sabe poco;
y en lo poco; que no debe constituirse jamás como lo racional, es casi lo que
se puede definir como feliz. Y su mirada café aún no se hunde en el vacío; aún
no sabe decir adiós. Y aún traza sobre las nubes blancas sus expectativas de
afecto; cree en lo eterno.
Han
caducado ya, todos los febreros en su nombre.
He intentado
acercarme a ella desde la desvalorización más absoluta y la burla suprema,
En el intento
me he topado con la sinceridad de una carcajada cínica y la más pura condescendencia
Aún ahora,
Cuanto la
compadezco.
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