Cobardía

¿Qué tiene
de malo asumirse en la cobardía?
¿Es acaso
tan impensable concebirme muerta de miedo?
Porque lo
estoy…
Mirando al
firmamento con las pupilas dilatadas, comprendo y contemplo que los
atardeceres afables que podían fumarse en baladas empalagosas han desaparecido.
Y en medio de esa tormenta que tanto temí y a la que tanto le rehuí en
pesadillas; quien me mira altiva no conserva la reserva, ni la inocencia de mi
mirada infantil.
Ella tiene
los labios resecos y el pecho en balas; de par en par.
Y ha
incinerado los poemas de Bécquer en la humedad de las campanadas de las seis;
las ha dejado ir junto con todas sus creencias; con sus absurdas expectativas y
creencias.
Los abrazos
amables, las risas sinceras y los juegos bajo la mesa se esfumaron en el vaivén
de la vida y sus caprichos egoístas.
La lluvia
parece haberle limpiado las certezas y el dolor; aclarado la mente.
Ella; que
es sabia y fuerte me retiene, y no sin causa.
Es razón
pura porque un frío diecinueve de abril se la entregó, y es rabia porque el
tiempo lineal y cruel le anunció consignas que solo corroboran la síntesis de
su tragedia:
La incapacidad
de ser amada.
¿Entonces? ¿Es
tan impensable concebirme muerta de miedo?
Porque lo
estoy…
Comentarios
Publicar un comentario