Injusticia

El mármol
luce deformado esta mañana, y aunque fuerzo la vista; soy incapaz de darle
forma. Parece ser, que he dejado de tener dieciséis años, y parece ser, también,
que tú ya no estás. Las mantas se deslizan por mi espalda suavemente y las alas
de un gallo altanero rozan las sombras de los árboles de limón, mientras un
hombrecillo menudo, vestido a cuadros, tararea a gritos-horrorosos, por
supuesto-que ha llegado el panadero.
Me deslizo
por un pasillo rojo que alberga todos los lamentos de la infancia y de una adultez
estéril; negada. Mis mejillas hoy están tiznadas de amarillo. Y en mis labios
no puedo saborear el olor a café, la alegría no cabe más en la coraza amarilla
de un patacón tostado en sal;
No
entiendo; la luz está apagada y los bancos vacíos.
Tu sonrisa
amable y tu rectitud cálida parecen haberse esfumado de la estancia.
¿Qué tanto
fue real?
El dolor afable
de tu abrazo sincero parece aferrarse violento y demandante en la piel.
El invierno
eterno enredado en tu cabello rizado no sabe, y, sobre todo, no puede volver.
Impotente
contemplo el panorama en medio de la escalera mientras el sol baila gracioso
entre mis lágrimas.
De entre
todas las certezas, de entre todas ellas…
¿Por qué
tuviste que acogerte a la injusticia?
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