Tal Vez

La verdad es que suelo acercarme siempre a lo amable
a lo bonito-que tan poco he conocido-con temor, con desconfianza inevitable. Cómo
resguardando en el silencio de mi mirada la certeza de que, si lo observo, de
que, si siquiera llego a rozarlo demasiado, va a esfumarse, a desprenderse como
un espejismo frente a mis pupilas.
Presiento siempre el olor mojado de la tierra
mezclada con barro y sé, que ha llegado el final antes de siquiera haberme
permitido abrazarlo. Me pone triste, tan triste, a veces siento que esa niña de
nueve años que tanto fui y que tanto amé, no puede ser feliz.
Supongo que después de todo, en mi andar
cuidadoso, en la esperanza insistente, aún estoy dispuesta a corregir ese
manchón blanco de típex sobre las líneas azules de mi cuaderno amarillo, donde
la palabra “tal vez” se esconde, donde la he escondido, donde suspira acompasada y duerme remolona.
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