Espejismo

El tutú de
porcelana se mueve elegantemente al son de la suave melodía, tras los cristales
se encajan mis pupilas almendradas; escuchando con recelo la lluvia caer. Como
queriendo recordar, que, en la misma estancia, catorce años atrás, la risa
melosa acariciaba la garganta que un día recibiría a la muerte y le ofrecería
hacerse un hogar.
Tan ajeno y
deslumbrante, el calor del escenario conjuraba una declaración de amor que no
ha podido ahogarse en el tiempo o en su tormento.
El tacto
aterciopelado y tibio, las consignas imprescriptibles…conservan el sabor
agridulce de las certezas crudas:
Que como me
contaría una muchacha de dieciséis años, con ojos grises y gatunos, durante la
penumbra de un invierno, en la Barcelona de los años ochenta “Solo
recordamos, lo que nunca sucedió”
Mi angustia
se contrae, desafinando en medio de un do re mi fa sol…Y me muero de
miedo, porqué la adultez solo ha corroborado que sus palabras escondían más razones
que dolor.
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