El Leviatán: el porqué de su poder absoluto
Hobbes
posee una perspectiva pesimista de la naturaleza del hombre, que se ve
caracterizada por tres elementos de discordia, el ansia de gloria, la
desconfianza y la competencia. Considera que, en el Estado Natural del hombre,
todos se hallan en igualdad de competencia independientemente del ingenio o la
fuerza que posean. Plantea desde la percepción de la naturaleza del hombre, que,
sin la existencia de una sociedad como tal, los hombres se hallan en constante
Estado de guerra. ¨El hombre es el lobo
del hombre.” (Hobbes, 2003) Del
Estado Natural, Hobbes toma el concepto de libertad, pues es esta la que dota
al hombre de la capacidad de comportarse y actuar como le plazca. Por ende,
esta libertad es parte fundamental de la discordia, enfrenta a los hombres unos
contra otros e impide el orden y la seguridad. La libertad no permite al hombre
salvaguardar su propia vida.
El
autor comprende entonces que el ser humano halla la necesidad de conformar la
asociación política en función de su propia supervivencia. No obstante, la
conformación de la sociedad no es suficiente garantía de orden y seguridad para
los asociados, existen etapas, etapas que conducen a la conformación de un contrato
social. En
este contrato existen leyes civiles que norman el comportamiento de los
ciudadanos. Sin embargo, este Estado para Hobbes es uno que debe hacer frente a
la naturaleza negativa del hombre y por lo tanto adquiere características
autoritarias y absolutistas. Es de donde procede precisamente la representación
del Leviatán.
¨Una vez que se ha erguido un poder soberano,
no puede existir otro representante del mismo pueblo, sino solamente para
ciertos fines, delimitados por el soberano. ¨ (Hobbes, 2003) p.79 Un Estado que debe regular el
comportamiento de un ser tan complejo y conflictivo como el hombre, debe ser
absoluto. Los Estados que centralizan el poder en la cúspide son las
monarquías. Por lo tanto, Hobbes
considera que el Estado está representado por el soberano, es decir por el
monarca. El hombre desea ser salvaguardado de su propia libertad, por eso
concede al monarca la potestad de actuar como desee siempre y cuando lo proteja
y permita el orden y la seguridad que amparan su propia vida.
Bibliografía
Hobbes, T. (2003). El
Leviatan . Buenos Aires: LOSADA.

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