Pesadillas
El viento sopla, sublime, sutil, es imperceptible, pero hiere, corta y sangras.
La luna reluce en lo alto del firmamento, se refleja sobre las ramas, en letargo, en silencio, como espectador.
El lago es hondo, frío, tan profundo, tan finito como las emociones que surgen, arrollan, que provienen de adentro, del pozo, del fin.
Un lobo aúlla, los pájaros alzan el vuelo, la oscuridad cae, llega, extiende sus grandes alas, te arrulla y la odias, la amas...¿A quién engañas? Es todo lo que tienes.
Los sueños se han tornado escabrosas pesadillas, los monstruos no tardan en manifestarse, todos son rostros humanos. Reproches infundados, sentimientos ciegos, "los quise y nunca pude"...que se vayan al infierno.
En el centro bajo la fuente de metal, una rosal florece, las luciérnagas se apagan, las estrellas ríen envidiosas y burlonas. La belleza es efímera, el mundo cruel y el destino conjurado. ¿Qué sentido tiene aquello que ya lo perdió? Las certezas son crudas e inútiles.
La tormenta se desata, el rayo refulge, la sangre hierve, las malas costumbres nunca prescriben, el alma y el corazón en venta, a créditos, a plazos. ¿De que sirve vivir, si se muere día a día? Segundo a segundo, siempre un poco más.
La piel se eriza, el llanto se eleva, las lágrimas corren, salvajes, libres, las huellas en la arena queman, las miradas no cesan, el júbilo continua, la niña grita, grita y se desgarra, pero está muda. El rostro es pálido, los latidos se detienen...¿Y que queda, si ya nada nos queda? Y suspiras, que importan los años, los meses y los días...continuas perdida.
Y de repente, la calma, el fulgor, la calidez, la mentira, el engaño...los ángeles ya no pueden volar, la niña sonríe, continua sola y muda. El parque acalla, la maldición de cada noche se bate en retirada.
El miedo también es efímero, como todo en la vida.

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