Duelo en una noche de tormenta
Las gotas de lluvia se deslizan por los ventanales del gran balcón, la tormenta es amenazadora, un retrato distorsionado se encuentra encima de la chimenea. Una copa de vino y algo más en la mesa central, las luces encendidas. Frente a frente, en las guerras vences o te rindes. La vida no es muy diferente.
La primera ronda inicia, recuerdas...cuatro paredes rígidas, blancas inmaculadas, vacías, sin sentido, la completa soledad, estás en medio, preguntando a gritos, exigiendo respuestas y en retorno, silencio, del puro del concreto. Las tijeras están cerca y el dolor arrecia, los caminos fáciles, las malas decisiones, comienzan a ser senderos seguros.
El retrato emite una risa burlona, encolerizas, lo odias tan profundamente, tanto, como a ti mismo. Y es que tiene razón..¿Qué mas da la soledad? Al infierno en vida te has condenado por decisión propia, ¿Inconsciente? ¿Consciente? Qué mas da, lo que importan son las acciones, y de esas, coleccionas a montones.
La segunda ronda conjura, la mirada más amada, la mirada que ordena, que determina, a quién no quieres fallar, a quién no puedes fallar. Luce decaída, desesperanzada, a perdido toda fe en ti y aunque no escuches las palabras, las comprendes, sus labios articulan que eres un perdedor. Los ojos te estallan, conoces por primera vez el sabor de tus lágrimas, saladas y amargas.
La imagen se retuerce incómoda, ¿Quién determina tu valor? ¿Quién puede ser juez de tus errores? La potestad no la posee nadie, pues..¿Quién puede hacer de juez en juicio de necios? La mirada que te dirige es severa, tanto como la que te rompió el corazón por primera vez. Por miedo a asumir verdades duras y hoscas te has enfrascado en un pasado, hermoso, pero con fecha de caducidad.
La tercera ronda no tarda en llegar, es la más negra y monstruosa de todas, tus sentimientos pisoteados, tus pocas ganas de amar, el infinito dolor y temor, los pocos pedazos, un corazón al borde del abismo pero intacto. Traicionados por mera cobardía, los besos robados, el cuerpo de la muñequita de porcelana roto y condenado a la maldición.
El retrato ríe, pero llora, el amor roba y marca todo, lo mejor, lo peor que tenemos, como un autentico ladrón. Sus ojos destellan, en el fondo, ni es para tanto, ni el mundo tiene principio o fin en los sentimientos correspondidos o sin corresponder. El corazón se rompe pero el dolor es mudo, neto y suficiente...¿Qué mejor para enseñar el arte y la maña de la traición y su conveniencia? Después de todo habitas en un mundo de traidores.
Vuelves tu rostro, un rayo refulge tras el empañado cristal, la luz se extingue, el fuego de la chimenea alumbra la estancia. La copa de vino y talvez de algo más, continúan en la mesa central, como una firma prescrita desde el comienzo. El marco del retrato desaparece, la pintura se escurre, el olor a oleo invade el ambiente.
El frío y fiero cristal se desvelan, el retrato no es nada más que tu crudo reflejo, te mira certero y gesticula las palabras que finalizan el duelo.
"- Entenderte y aceptarte...o la copa y el inminente final ¿Qué decidirás?"

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