Magia
Las risas vienen y van, el calor recorre la estancia, el lugar, es cálido, alegre, a el perteneces.
Los rostros familiares, las palabras cómplices, es la felicidad sin nombre, la que no se percibe, no preocupa, la que persiste.
El sol sale noche a noche, las calles están embrujadas, los murciélagos danzan, el ronroneo de los gatos arrulla, y tras la gélida pared de cristal el futuro se siente, ciego, lejano, como si nunca fuera a llegar. El castigo es severo, pero ingenuo.
Las luces del parque destellan, los columpios vuelan, el mundo cabe en la mano, en la mano y en el corazón. Un brazo amigo, una sonrisa sincera...un "nunca te voy a olvidar" y las promesas son tan puras, tan integras y sinceras. El precio y el cambio por ellas aún no pasa factura.
Los globos de colores se elevan en sintonía, silenciosos pero en júbilo, las esperanzas son esquivas y van atadas a cada cuerda y cada deseo. El tiempo existe, pero solo en aquel preciso momento, no hay contradicciones, sin saberes ni decepciones.
La verdad cabe en los libros, somos aquello que imaginamos, los superhéroes tras las pantallas son eternos como nosotros, y podemos volar, las luchas contra el mal tienen todo sentido, todo es posible, no existe el freno, la limitación...¿Qué son tales tonterías?
Bajo la brisa de verano, el ruido estalla, el firmamento se llena de colores, los fuegos artificiales cubren el cielo de extremo a extremo. Las estrellas descienden y se prestan traviesas, escriben nombres, amores sinceros, anhelos admirables...detallan un mundo inexistente, inalcanzable, imposible, utópico, sumergido como la Atlántida, perdido, desde mucho antes.
La fortaleza de cristal se resquebraja poco a poco a medida que pasan las horas, el final es inminente y la verdad infranqueable. Los globos desaparecen, la magia se extingue, el espejismo muere, en el alma se abre un profundo pozo, un inmenso vacío y entonces...
Solo queda el dolor, la perdida.

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