Baile de fin de curso: entre la magia y el horror
El ruido de la fiesta llega a mí lejano, el aire es denso y
las luces que cambian, que llevan, que traen, son cegadoras. En el centro la
corte y sus cortesanos danzan, una lechuza ulula, el tiempo se detiene. Las
máscaras caen, los bellos rostros ocultan corazones tormentosos. El vino se
derrama y se desliza elegantemente por los blancos manteles. La historia llega
a la cúspide, el drama nos engulle.
Las paredes se tiñen de moho, las risas estallan, los
sentimientos llegan en ecos, cercanos, certeros, profundos, como mil puñaladas.
Tras la puerta de un hostil baño, callo y escucho. Los cristales están todos rotos. La música se
detiene y golpeas la puerta. Tu voz suave, atraviesa el campo de espinas,
galopa y estalla.
La puerta lentamente se desliza, tus verdes ojos me miran
compasivos, y entonces te odio, los dioses que miran divertidos saben cuánto,
tanto o más de lo que me odio a mí misma. Tu inmaculado smoking contrasta con
mi traje de lamentos. Una sonrisa esquiva y unas palabras que duelen, igual que
la muerte, igual que la vida.
Tomo tu mano y el ambiente cambia, las paredes caen estruendosamente,
la corte se desgarra, se pulveriza, desaparece. La luna alumbra y tus pupilas
comienzan a ser metal. Comenzamos a bailar, tu tacto cálido derrite el hielo,
que poco a poco se derrite en mi interior. Mi carcasa está rota y bajo ella tan
solo hormigón. El principio y el fin.
La oscuridad reina, el silencio observa, nuestros alientos
se condensan, entonces…el llanto rasga la velada. Surge incontrolable,
perverso, sin razones, quizás con millares de ellas. Que la tierra se abra y me
trague. Que me perdone quién deba, que me condene quien quiera. El dolor es una
daga enterrada bajo mil amores.
Tu rostro impasible, incorruptible tu mirada de hielo y
metal. Desciendes tus manos hasta la cintura y me abrazas. Que más da si me
amas o no, el mundo es caos, es degradación. Implacables tus alas se
despliegan, tu suave tacto se torna fuego, las garras desgarran, el centro, el
universo, las estrellas y el firmamento.
¿Amor? Es odio, odio del más certero y puro, que caro el
anhelo, cuan irreversible moraleja.
Nadie suma sin restar.

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