El ángel y el amor
Las luces ciegan, los edificios son tan altos que por poco cubren las esquivas estrellas, los coches frenéticos se mueven, de un lado a otro, sin dueño sin hogar, la función continua, pero el teatro es tan frío y solitario como el mundo mismo.
La soberbia quema la garganta, los ojos azules reflejan palabras sin lenguaje, los labios sangran emociones jamás descritas. El ángel camina perdido por la sólida estancia, recorre con su suave tacto todos los lugares. El pecho estruja, su arco pesa, aunque ya no hay flechas.
Las puertas se abren de par en par, en ellas, al fondo, se extiende la infinita oscuridad, el ángel ríe, pero teme. Camina lento, hacia el destino, sin saberes, pero conociendo, como un condenado a la vida. Que no escoge, que no tiene tal derecho.
Una sonrisa sincera luce al final del oscuro pasillo, unos brazos calientes, un corazón que late, la ingenuidad del ángel pesa como una maldición. Ignora el rol con el que se nace sin distinción: mandar u obedecer.
Los ojos supremos miran en infinito desapruebo, y es que los dioses son tan caprichosos como injustos. La ira, el dolor, el amor...¿Cómo se sentirá todo eso? Se pregunta mientras los pasos se dirigen hacia el fin. Todos estamos llamados a cometer traición.
El suelo se hunde, la función para, los ojos inexistentes se giran y observan. El humo de un cigarrillo, dibuja horribles premoniciones, una risa ronca, un llanto desolador, la felicidad finita amenazada, envenenada. Que estúpido el ángel, y que mezquina la humanidad.
Los ligeros pasos lo llevan hasta el borde del gran pasillo, los brazos del espejismo, le extienden la mano, las alas se desgarran, siente un gran dolor y grita, la sangre es negra y brota sin fin. El abismo se abre, la oscuridad desaparece, un rayo de sol incinera la escena, arriba más arriba los millares de estrellas se rebelan.
Los ojos azules del ángel se dilatan, observan, detallan, recorren el rostro anhelado, siente el calor de unos brazos robados, y llora, sufre infinitamente, pero es inmensamente feliz. La ira, la decepción, el miedo, el dolor, emociones negadas, sentimientos prohibidos...y aunque muere, vive.
Que todas las cotidianidades ardan hasta consumirse.

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