¿Por qué siempre de regreso a casa?



¿Porqué siempre de regreso a casa? ¿Cómo puedo buscar con tanta ansía y desespero un camino del que hace tiempo se han borrado todas mis huellas? Tan pronto como amanece y el sol deja escapar algunos rayos por las persianas de mi ventana, un sabor amargo me recorre la garganta. A veces creo que no es más que bilis que me sobra de mis incontables pesadillas, en otras ocasiones me sincero y admito que no es nada más que un presagio bastante certero. 

Dentro de mi corazón si hay espacios para las dudas y sobretodo para esperanzas más que maltrechas e insanas. En mi interior duerme una niña arrepentida que cada noche acude a mi portal, a tocarme la puerta, debo decirlo en vano, por que nunca le abro. Tan sólo la observo llegar, tan sola y triste como al partir. Lo siento pequeña, pero a diferencia de ti, yo sí soy bastante cobarde.

En días agridulces encuentro algunas respuestas y puedo respirar sin que el pecho me duela, no durante mucho tiempo, pero me consuela, dentro de mi hay espacios inmensos, pueden albergarse galaxias enteras, soles abrasadores y agujeros llenos de negrura, perdición y sin sentido. Por fuera, soy roble, soy hierro. Mantengo la cabeza erguida y la mirada fija, convencida, convenciendo al resto de que estoy muy segura y de que sé lo que quiero, soy muy buena mentirosa, incluso yo me lo creo.

Y cada noche y cada tarde, cuando el telón rojo asciende mi mente acude junto al repertorio, a hablar de trivialidades inciertas, de como el mundo arde más de un millón de veces diariamente, de lo mucho que amamos y odiamos al prójimo casi por igual, ay, de nosotros, si tan solo pudiéramos narrar la vida. Somos un elenco maravilloso, cumpliendo a raja tabla las expectativas de un público exigente, con todo derecho, nos ha moldeado el camino...¿Qué menos?

Pero cuando la luna se eleva en el negro firmamento la mascara se cae, ella sabe que miento y me mira prejuiciosa, yo solo miro por la ventanilla del coche con recelo y me pierdo en la noche, rumbo a un camino casi desierto. Las luces de las farolas alumbran los arboles que se mecen y poco a poco quedan atrás, arrullando y cantando canciones de cuna. 

Pretendo no sentir, no frenar el auto y salir corriendo en busca de aquel pasadizo secreto, y es que daría mi vida, mi vida entera por un solo paseo, subida en el muro de la vereda cerca de los geranios y las rosas blancas, soltando humo blanco por la boca, como aquellos inviernos en los que caminaba pérdida entre estrellas.

Que lejos estoy de mi misma, y cuanto, cuanto me duele.



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