La leyenda de Shezarade
Cuenta la leyenda que Shezarade era un niño de ojos azules y
piel ceniza que vivía en lo profundo del bosque. Su padre era Dave un leñador
forzudo bastante conocido en el pueblo, de la madre nadie conocía rostro ni
nombre. Rumorean las malas lenguas que nació con las funestas tormentas de
nieve que sepultaron bajo metros a algunos campesinos de la región. Shezerade
no era un infante común, se perdía en las brumas del bosque durante horas y
aparecía sin miedo, sin rasguños. Nunca le habían oído llorar y en las noches
de luna llena hablaba en pesadillas hasta la saciedad.
Lo peor no comenzaba, el ceñudo Dave comenzó a perder el
sueño el día en que el muchacho de ocho años le presagió la desgracia si partía
en temporada de caza. Aquella misma tarde su grupo de colegas fue atacado por
un oso que apenas les dejó las vísceras. El muchacho comenzaba a hacerse cada
vez más etéreo, más ajeno y distante. Sus sueños y predicciones se
multiplicaban por miles. Poco tardaron los aldeanos en asumir que los dones del
niño eran fruto de hechizos malignos, o quién sabe a lo mejor de un castigo divino.
El invierno en que el muchacho cumplía dieciséis años las
cosas iban sumamente mal para los aldeanos, durante el verano las cosechas
sembradas a punta de sudor y sangre habían sido mermadas por una plaga de
grillos. La escasez los estaba matando de hambre, y las avalanchas de nieve se habían
cobrado algunas centenas de muertos. El joven Shezarade había dejado de ser
indefenso, ahora su existencia tomaba el peso de una maldición.
Aquella tarde cuando el crepúsculo descendía devorando la
luz del día, el pueblo ciego, se congregó en la plaza, donde una voz anónima profería
causas y soluciones. “El mal llegó hace dieciséis
inviernos, no osasteis detenerlo y el señor ahora os reprende” Bastó menos
de una hora para que la muchedumbre asintiera furiosa y encendiera las
antorchas. Mientras los gritos ascendían hasta la colina una nube de hielo
rugía sobre sus cabezas, la tormenta no se hizo a esperar… Pero, ¿Qué puede
parar a una masa tribal que ha perdido el sentido?
Al mismo tiempo, de las colinas descendía una manada de
lobos negros, cenizas y albinos, la comitiva estaba liderada por una hembra de
ojos eléctricos, la llamaban Aria y mientras corría afanosa entre los árboles
recordaba claramente el dolor que le había desgarrado el alma la noche en que
Shezarade salió de sus entrañas.
El muchacho dormía tranquilo sobre su cama de paja, cuando
el fulgor de las antorchas alumbró los oscuros alrededores de la cabaña. “Quieren
tu cabeza” la voz de las predicciones vocalizaba con meticuloso cuidado
aquellas palabras. Desesperado llamó a Dave mientras lo buscaba por todas las
estancias de la casa. Pero era demasiado tarde, los alaridos de su padre no
tardaron en treparle hasta el tímpano. Los golpes, su cara rastrillada, el hilo
de sangre que brotaba de sus labios y las mil patadas que le propinaban.
Abandonando todo atisbo de consciencia abrió las puertas de
par en par y antes de que pudiera detenerlo, el dueño de la voz anónima había
dibujado ya un trazo limpio sobre la garganta de su padre. Los ojos del plácido
muchacho se convirtieron en puro fuego y también su piel, las llamas prendieron
con saña en la madera y la paja, la multitud gritaba enardecida.
La sangre que le corría las venas comenzó a sacudirse, a
tomar la densidad del metal y su columna vertebral comenzó a martillear, un
súbito dolor le arrancó la consciencia, de sus manos surgieron afiladas garras
y cuando su aullido se perdió en la luz de la luna unos colmillos le
aparecieron en las comisuras de los labios.
La bestia comenzó a caminar hacia la multitud que no sabía ya
cómo actuar, sus pensamientos estaban perdidos en la sangre del viejo Dave y en
cómo esta se mezclaba tétricamente con la nieve. De entre los escabrosos
árboles mientras el fuego alumbraba las entrañas del bosque, la manada de lobos
se deslizo azuzada.
Sus colmillos desgarraban la carne, escupían vísceras y
ahogaban gritos de desespero, la furia sustituía con éxito a la desolación, al
amanecer el río de sangre era tan basto que podía chapotearse en él. La batalla
fue realmente ardua, pero cuando los esquivos y temerosos aldeanos huyeron
despavoridos, no fue el orgullo el que dominó sus emociones.
Su pelaje de lobo comenzó a deshacerse y bajo este solo
quedaba el cuerpo desnudo de un indefenso niño que lloraba sobre el cuerpo
inerte de su padre, mientras una multitud de lobos lo rodeaban, mirándolo compasivos.
Quizás los aldeanos no estaban tan equivocados, quizás sobre Shezarade había
caído una funesta maldición, pero poco tenía esta que ver con caprichos divinos
y maleficios…era tan solo el destino.
Es por eso queridos niños que el bosque es terreno
prohibido, ningún campesino tiene permitido cruzar el lago, quien ose desafiar
la consigna estará perdido. El lobo, Shezarade continúa deambulando entre los
árboles y con los años su sed de venganza no parece marchitarse. Si tus pasos
malogrados te dirigen a su territorio, el lobo se presentará ante ti e
intentará enredarte, más te vale jugar acertadamente las cartas, o antes de siquiera
notarlo la bestia se habrá abalanzado sobre tu pecho a devorarte el corazón...Es justo el precio ¿No? Esta Aldea obtusa se lo arrancó primero sin razón.

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