Malka, la niña con piel del lobo
El páramo arde y los pétalos de rosa se esparcen, incinerándose
al paso del viento y así comienza este cuento....
Malka la niña de ojos sombríos sonríe, tiene la mitad del
rostro ensangrentado, su pelaje de lobo se encuentra atravesado por arañazos
color carmín. Del cielo caen maldiciones y al otro lado del lago sus captores
ríen, carcajadas, la burla y la más pura humillación.
El corazón le late desbocado y sus pies descalzos ya no
sienten el dolor, aunque se atraviesen con mil agujas de hierro. Desde la
colina su manada aúlla y cuando la luz de luna absorbe el crepúsculo, los
rostros humanos se desfiguran.
Y en ellos yacen los semblantes de hiena, la ira y el rencor,
los peores pecados no están estipulados en ningún mandamiento. El alma se les
pudre en carne viva y los pétalos incinerados se desintegran en la penumbra.
Malka tiene el alma rota pero salva y entonces se abalanza
sobre la muchedumbre, una chispa de fuego se ha prendido a su espalda y la
llama poco tarda, el fuego comienza a devorarla. Pero, es tarde, para los
malnacidos ya no hay esperanza. La muchacha lobo abre sus fauces y sus
colmillos desgarran, el hierro de la sangre le nubla la mente, ya no es mujer
es solo instinto.
La sangre corre como río sin fin perdiéndose en las
profundidades del lago, los ojos de Malka son del color del cobre destellan
euforia. Camina entre la hierba resquebrajada, tambaleándose, agotada, las
cenizas le trepan por las piernas hasta perdérsele en los labios. El instinto
desaparece para abrirle paso al dolor: acaba de matar a sus captores, pero a un
alto precio.
Y entonces la niña se desploma, su pelaje de lobo cae, deslizándose
por su espalda, sus ojos cobres se tornan albinos y el corazón se le para. Un
aullido de dolor retumba por todo el valle, consagrar venganzas al contrario de
lo que se piensa no es tarea de valientes.
Acaba de morir dándole batalla a un mundo que no dejará de
engendrar demonios y por lo tanto ha resultado vencedora.

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