Resignación
Han pasado cientos de días, la luna se ha puesto mil veces y,
sin embargo, la agonía parece no terminar. Parece que los cielos azules han
comenzado a teñirse de grises, como siempre lo espere, temerosa, en la última
escalera de mi portal. Mi infancia se ha perdido en luchas tan inútiles como
necesarias. Supongo que todo lo que debe ser, eventualmente acaba siendo. Las
paredes de mi alma se han ido cayendo, y me ha supuesto un arduo trabajo resignarme
a ello.
La parsimonia me ha ido devorando lentamente el corazón, mis
días se han ido gastando, por completo, hasta perder casi todo color. He
comenzado a vivir sin darme cuenta, también, sin quererlo, como por inercia. Y
mis tobillos, que antes eran suaves y delicados, ya se han paseado por la
pasarela de cristales rotos. Ya no le temo al abandono.
Mi coraza es fuerte, se ha endurecido al roce de la muerte
sobre mi piel, y mis nobles sonrisas, lucen hoy, cargadas de ironía. Pero,
estoy bien, estoy bien con ello, y con todo lo que implica, porque caer es
necesario, morir también, no hubo más maneras de traerme de vuelta a la vida.
Mis labios saben todo lo que sellan, lo que tarde o temprano acabaran confesándole
a los fantasmas del pasado. En mi corazón ya queda poco remordimiento por el
pasado, el tiempo es un ladrón cruel y no he podido hacer nada al respecto.
Los caminos que he elegido se han descartado uno a uno, así
mismos, por que nada es para siempre, por que no se puede predecir lo impredecible,
por que he aprendido a soltar, a dejar ir. Me he ido liberando, a medida que he
liberado al resto: de mis expectativas, reproches y exigencias. No quiero
romperle las alas a nadie más, ni clavarme más espinas de rosas, que nunca
lograrán sanar.
Me he vuelto etérea, estoy casi vacía, sentada en la cima de
una alta montaña, lejana a la tormenta, observando a lo lejos todo el sufrimiento,
los segundos de vida que me arrebató. Y curiosamente, ya no deseo romper, ni
cambiar, ni quemarme en la hoguera de mis arrepentimientos. Todo lo que quiero
es un nuevo comienzo.

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