Kagome



¡Ohayou Gozaimasu! Hace más de medio siglo que no público una entrada sobre anime, de hecho, esto se siente como volver a mis inicios. Apenas la semana pasada finalicé Inuyasha por octava o décima vez, no estoy muy segura. Y ahora, llena de ese vacío emocional y con un mono de la serie que el manga no está logrando saciar, he decidido compartir algunas reflexiones sobre mi personaje favorito de toda la historia: Kagome.

Kagome Higurashi es una chica de quince años que vive en el Japón contemporáneo, va al instituto y vive en un templo sintoísta con su familia. Tiene amigas, pretendientes y algunas peleas con su hermano, pero vamos, nada se sale de lo normal. Sin embargo, todo cambia radicalmente cuando cierto día entra al templo en busca de su gato Buyo, y, del pozo milenario surge un mil pie gigante que la ataca y transporta 500 años hacia el pasado: al Sengoku jidai.

Por cuestiones del destino, Kagome acaba descubriendo que en su cuerpo se alojaba la “Shikon No Tama” o esfera de los cuatro espíritus, una joya capaz de conceder los deseos y las ansias de poder tanto de humanos como de demonios. Para rematar en un arranque de valentía acaba siendo fragmentada en cientos de pedazos por todo Japón. Como era evidente, más pronto que tarde, acaba involucrada con Inuyasha, un semidemonio que también desea la perla y perjura odiarla por ser la reencarnación de Kikyo, la sacerdotisa que antes protegía la esfera y que lo selló en un roble durante cincuenta años.


Así, ni tan pancho ni tan ancho, el destino acaba otorgándole a Kagome la responsabilidad de juntar los fragmentos de la perla, y evitar que esta, caiga en malas manos. 



Kagome es un personaje muy empático, es capaz de comprender el dolor de quienes le rodean, aunque estos sean inclusos sus enemigos. Así es como, pese a estar profundamente enamorada de Inuyasha reconoce y acepta el vínculo que le unirá de por vida a su primer amor. De igual manera, cuando Kikyo revive en el cuerpo de barro, pese a que esta en múltiples ocasiones le muestra su desprecio (y además intenta matarla), Kagome no duda en salvarle la vida, siempre que lo necesita. Igualmente, es capaz de entender los sentimientos de amor que su rival tiene hacia el semidemonio y el sufrimiento que implica para ella, no poder estar con él, porque ya está muerta.

Esta empatía es la que permite hacer suya la causa de sus compañeros, quienes han sido heridos de múltiples maneras por Naraku, el villano de la historia, y uno del top 10 en los personajes más cabrones y retorcidos del mundillo del anime. Su valentía, sorprende a sus compañeros de batalla constantemente. Por ejemplo, cuando ataca con sus flechas a Naraku, en su castillo, destrozándole el cuerpo casi por completo por comenzar a disfrutar demasiado del sufrimiento de Inuyasha. Esta actitud se repite a lo largo de toda la serie, su valentía proviene de los sentimientos de empatía. 





Sus sentimientos hacia Inuyasha son puros y desinteresados. Ella todo lo que quiere es permanecer a su lado, y hacerlo todo lo feliz que pueda, sea cuales sean sus sentimientos. Personalmente, este es uno de los mensajes que más me gustan de la serie, que el amor de verdad quiere sin restricciones, quiere con respeto y no desea mal alguno. Cuando al final del capitulo 48 dice “quiero que ría, que disfrute, que sea feliz”, sus verdaderos sentimientos quedan claros. Yo jamás lo he observado desde la perspectiva del “segundo plato”, más bien creo, que el querer en libertad es un gesto de amor sincero y genuino. Lejos de ser posesiva o reclamar a Inuyasha para ella, Kagome busca su felicidad, comprende los sentimientos que le atan aún a Kikyo y decide quedarse por que desea y quiere lo mejor para él.

Por último, el aspecto más importante y que más me agrada de ella como personaje, es la capacidad que tiene para reconocer sus propias debilidades. Después de todo sigue siendo humana, siente tristeza, celos, tiene inseguridades respecto a su rol amoroso y espiritual en el pasado, etcétera. Pero la noción de esta parte de si misma evita tormento, esta debilidad no le produce angustia como si es el caso de otros personajes con poderes espirituales, tales como Kikyo o el Monje del monte Hakurei. Aceptar la parte oscura de su alma le permite finalmente vencer a la esfera, pidiendo el deseo correcto.  


A lo largo de toda la serie, Kagome evoluciona significativamente, sus inseguridades son finalmente superadas mediante la comprensión de sus verdaderos miedos. Su poder espiritual es finalmente liberado. Se auto concibe así misma como Kagome, no como una copia o un reemplazo de Kikyo. Los sentimientos negativos que albergaban una por la otra acaban desapareciendo y se comprometen finalmente a destruir la esfera. Este personaje, pese a que no lo parezca, se me antoja realmente fuerte. Y es que es de entre todos, el único capaz de gestionar sus emociones de manera positiva. Lo que para mí, sinceramente es mucho más importante que escudarse en la fuerza bruta para refugiarse de sus miedos y resentimientos.


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