Let it go
He llegado a la
sana conclusión de que es preferible soltar aquello que no se puede sostener,
que nos lacera el alma y el cuerpo, aunque no queramos y aunque eso nos duela como
el infierno.
Estoy convencida
de que eso es lo correcto, aunque me haya costado largos años entenderlo, que
era mejor dejarme ir, sin añoranza, sin remordimientos. Supongo que ha sido una
medida desesperada, una que trataba de mantener algunas de mis piezas completas.
Pero, sinceramente, a día de hoy, creo que eso de igual, que ya todo da igual.
Las promesas
debieron romperse desde el principio, debí resignarme al adiós mucho antes, abandonar
el parque de los columpios cuando aún estaba a tiempo. Debí comprender, que no
tengo poder alguno para congelar el tiempo. Que no puedo pausar la vida, que
está no va a esperarme, que se vivirá por su cuenta, lo quiera o no lo quiera.
La voluntad
resultó ser una muchacha caprichosa y torpe.

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