Encuentro entre fieras
El bosque es calmo, la niebla gris, densa, fétida, los ojos
de la fiera estáticos se manifiestan.
La noche quema y se abre camino arrasando todo a su paso, los
pájaros alzan el vuelo, las culebras sisean, los espectros canturrean.
El gruñido me hiela el alma, la parte en dos, la rabia, la
ira, el temor… ¿Qué sentido tienen ante la predestinada muerte? Los espejos no
reflejan, el laberinto se eleva, la tierra se agrieta. Un rayo refulge y del
cielo cae ácido.
La piel quema, la verdad arde, abrasa. Las hojas se
resquebrajan y el viento silva. La carrera inicia. El corazón se desboca,
quiebra el pecho, el aire falta, pero la vida se palpa. Corremos, sin fin, por
los espinosos pasadizos ante la mirada de las bestias.
El monstruo roza mis talones, sus garras se retuercen
imaginando las líneas de mi espalda… ¿Y de que me sirve querer volar si no
tengo alas? Las lágrimas caen y su risa aumenta, que me resguarden los cielos,
la lucha nunca cesa.
Y cuando el laberinto frena, la tormenta arrecia… El bosque
es calmo, la niebla gris, densa, fétida, los ojos de la fiera estáticos se
manifiestan.
Frente a frente, no somos tan distintas, la imagen que se
refleja…soy yo misma.

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