El resto es oscuridad
Lentamente, sin precedentes la niebla desciende lenta y
espesa sobre el sendero. Perdido en la nieve caminas sin sueños ni anhelos.
Olvidado por un mundo impasible, indiferente, consciente, pero sumamente
ignorante.
El cielo refulge, el candor arrasa, arde, incinera. Los ojos
claros se tornan ceniza, el amor se esfuma, la muerte cae de las nubes, que
lloran ácido. Y ante la infinita desesperanza; la resignación. El resto es
oscuridad.
Una suave y cálida voz maternal llega; ¿Tienes miedo
pequeño?
¡Cuánta ironía! El miedo se extingue, primitivo como es.
Queda el estigma; pesadillas, fobias, fieras y monstruos.
La nieve ya cubre la mitad, el cielo es rojo, la ciudad es
papel, no quedan cimientos. Las rosas solo tienen espinas, y en medio de la
nada; el rezago de dolor. El resto es oscuridad.
Una suave y cálida voz maternal llega; ¿Te han herido
pequeño?
¡Cuánta ironía! El sufrimiento apacigua, el llanto seco
queda; el odio, el rencor.
Las risas se tornan llantos desgarradores, maldiciones,
arrepentimientos, reproches, finales a medias. Las flores no tienen tallos. Los
dioses observan perplejos desde el altivo trono, y en medio del silencio; la
desolación. El resto es oscuridad.
Una suave y cálida voz maternal llega; ¿Tienes hambre
pequeño?
¡Cuánta ironía! Los huesos se comen los músculos, el cuerpo
resiste, persiste, hay vida en la muerte. Queda la crónica enfermedad; el
declive, la sangre, la desnutrición, el sida, el tumor.
El tablero se mueve, torres, caballos y alfiles obedecen
conscientes; los peones mueren en batalla, inútiles pero valientes. Las
trompetas suenan, las copas chocan, el champán llueve, los reyes vencen.
Y el resto…el resto es oscuridad.

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