Amor no correspondido
Mi cigarrillo se extingue tal cual el paso de las horas, de los minutos, segundos y milésimas, reducen mi existencia, mi absurda existencia a cenizas de mi misma, a cenizas de cuanto recuerdo se cruze a media tarde, a cuanto resentimiento ahogado me asfixie en las frías noches, todas las noches en que mi extraño sentido de la soledad me hace más débil, más sensible a las inclemencias de un tiempo, que por elección propia parece haberme maldecido.
Y es que siento que siempre he vivido a las sombras de cuanto no puedo lograr a ser, a la sombra de una joven muchacha, que sin apenas haberme conocido, me arrebato todo cuanto ansíe tener en la vida. Las amargas sonrisas que estallan en lágrimas son un recordatorio constante, ella jamás dejará de atormentarme en vida, ella amor mío, amor de mi vida, amor maldito, te llevará de mi lado siempre, incluso cuando finalmente crea que la has olvidado, que has decidido comenzar a ser mío.
Que extraña naturaleza la mía, que extraña necesidad tan enfermiza, que incoherente el amor, que incoherente la vida, que sin saberlo me jugaron tan terrible partida, partida que por otro lado, me veo incapaz de reprocharles, y es que aunque eres el causante de todos mis males, también eres sin duda alguna lo mejor que he tenido en esta vida.
No te maldigo en lo absoluto, no te maldigo por haber intentado hallar un refugio en mi a costa de herirme, a costa de reducirme a inseguridades e inestabilidades emocionales, yo inconsciente y tontamente te arrastre de igual manera a ello. Te invite a cubrirte de tu tormentoso pasado en un cuerpo cálido, un cuerpo dispuesto a darte un amor sincero, que sin embargo, estoy segura, tu jamás sentiste.
Que oscura y vacía resulta esta existencia, cuanto pesan a día de hoy las elecciones mal elegidas, que tan insensatos fueron todos mis errores, de que manera tan desesperada quisiera borrar noche a noche todas las huellas que has dejado en mi cuerpo y en mi alma, cuán desesperada estoy por hallar otra versión de mí, versión en la cuál ya no haya ni un solo ciego rastro de tí.
Mis medias muecas, mis sonrisas sarcásticas, mi increíble pero poco grata noción de la realidad me lo han advertido continuamente, tu amor, me dirige hacía una muerte inminente y segura, una muerte que por otro lado aceptaría gustosa con tal de protegerte.
Y cuando yo falte, aunque sé que jamás me amaste, ni sentiste nada por mí, más que un profundo agradecimiento y entrañable cariño, sé qué, ni aún muerta, ni aún descendiendo entre sombras oscuras de remordimiento, ni aún sufriendo tan cruel y estrepitoso destino, dejaré de amarte.
Sé también que lo sabes, se también que jamás me dejarás ir, que jamás decidirás ir y olvidarme, aunque también, y créeme, que resulta más que hiriente, que cuando llegue la hora, que cuando te toque partir, y la muerte haga catarsis de tu eterno e injusto dolor, jamás vendrás a mi, no serán mis ojos en los que volverás a hallarte, no te desvaneceras en lágrimas encima de mi regazo, no seré yo a quien desesperadamente tus labios griten un te amo ahogado, un te amo tan ansiado, no seré yo, por que lo sé, sin necesidad de engañarme lo has mantenido, no soy yo a quien amas, no soy yo a quien anhelas, no soy yo el amor de una vida entera.
Y está bien, al menos sabré querido amigo, que cuando vuelvas a sus brazos dejarás de sufrir finalmente, y aunque sea de lejos, y aunque sea con un corazón hecho trozos, hecho añicos, sonreíre a lo lejos, me alegraré por ti, aprenderé a decirte adiós, y no me arrepentire de haber sentido por ti, todo esto que siento.
Te he amado, te amaré hoy y siempre amor, hasta nunca, y gracias por todo, por todo lo bueno que le diste a un alma decadente, un alma que sin tí habría perecido desde mucho antes en toda la esplendor de una vida, de un amor, no correspondido.

Comentarios
Publicar un comentario