Nothing has changed




El invierno de hace diez años ha llegado otra vez, lo sé, por que lo siento en el corazón, en el alma, en la piel.

Ha venido a despedirse, a preguntar como me va en la vida, a compadecerme, a pasarme cuentas.

Supongo que mucho ha cambiado, pero aún sigo conservando parte de quien fui una vez, esa niña con el cintillo desbaratado, el pelo revuelto y el alma en los labios.

Ha permanecido ahí desde siempre, sentada en el portal donde los atardeceres son eternos, abnegada y ciega, esperando que los cielos azules no se volvieran grises.

Me he mantenido viva solo por ella, he amanecido cada día más terca, cabezota y convencida.

He lidiado con demonios que me han impuesto a la fuerza, no por placer, no por que espere a que me rescaten, no por que crea que los dulces años van a decidir volver…eso dejó de importarme hace tiempo.

Yo no quiero mimos, no quiero abrazos, no quiero promesas que no van a ser cumplidas, yo, hace tiempo que me quedé vacía.

¿No lo entiendes no?
Yo, no tengo mas razones de ser que mis propias metas y convicciones.

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