Mentiras a contraluz
Me entregué ciega e idiota, como de costumbre, como suelo
hacerlo cuando la pasión me devora el entendimiento, y en la senda, en la
escabrosa ruta que lleva hacia tu corazón, me quede rota. A medio camino, se
apagaron las luces que iluminaban mis pasos, y cuando eso sucedió, descubrí que
tenía los talones ensangrentados, casi rotos. Que no me quedaba espacio en el
alma para más dolor, que ya no era capaz de soportarlo, y lo más importante,
que ya no tenía por qué.

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