Superheróe
Desde muy chiquita recuerdo ansiar ser la luz de tus ojos, ser merecedora de tu amor, pero sobretodo de tu respeto y admiración.
Tu sola mirada siempre ha bastado papá...¿Nunca lo has notado? Con ella yo rectificaba, callaba, corregía, por que no toleraba ver en ella desagrado.
Me mostraste el mundo, quizás de una manera hosca y cruda, aprendí a llorar por las noches por gentes que jamás de los jamases conocería, a intentar hallar respuestas, siempre sin salida.
Y cuando eso sucedía, solo hacía falta tocar a tu puerta, sentarme a tu lado y escucharte, tu siempre tuviste todas las respuestas del mundo papá.
Recuerdo también que, trabajabas mucho, de sol a sol, salías en la madrugada y llegabas entrando la noche. Sin embargo, siempre te detuviste frente a mi puerta, siempre te despedías de mí, y cuando llegabas no tenías reparo en alzarme en voladas.
Cuando el trabajo te lo permitía, conducías hasta las rejas de metal de mi colegio, y en secreto nos bebíamos una coca cola y una caña, porque mamá no nos dejaba.
Admito papa que en el fondo de mi corazón yo sabía que tu no eras perfecto, yo reconocía en ti, aún siendo muy pequeña, profundas cicatrices, que sé, no han terminado de sanar, y quizás nunca lo hagan. Recuerdo la tarde en que descubrí su origen, era otoño y anochecía pronto, nos encontrábamos en un bar cálido, con mesas rústicas, el viento golpeaba las ventanas. Alguien rememoró tus recuerdos de niño y a mí, se me rompió el corazón. No concebía la idea de que pudieras darme tanto amor sin haberlo recibido tu primero. Esa noche lloré mucho, pero te admiré más, te consideré valiente, fuerte, te convertiste en un superhéroe.
Supongo que erguí miles de mitos entorno a ti, te convertiste en una figura inalcanzable.
Así que nunca me importó que negarás mis miedos y sentimientos.
Si tú pedías que no llorara aunque doliera, yo no lloraba, no quería verme débil.
Si tú me obligabas a dormir con la luz apagada aunque me muriera del miedo, prefería morirme.
Si tú me decías que tenía que ser más inteligente que todos, lo era, aunque no entendía el porqué.
Si tú no cumplías tu promesas yo no podía reprocharte, tu habías sufrido mucho más que eso.
Si tenía crisis de ansiedad, depresión e insomnio, yo estaba siendo manipuladora.
Si me sentía sola, eso era lo que había.
Si tu decías que el segundo puesto era para los perdedores, yo lo asumía. Era el fracaso en carne viva.
Creo que en el fondo, nada, nada de eso me hacía tanto daño, como no obtener tu aprobación, como no sentirme aceptada. He recorrido veinte años en este inestable camino llamado vida papá, y nunca he dejado de intentarlo, alcanzarte, llenar tus expectativas. Aún ahora que sé, que mi superhéroe también ha sido en ocasiones un villano. Aún ahora que entiendo que tu también tienes pesadillas y le tienes miedo a la oscuridad. Ahora que sé que no eres perfecto y comprendo tus miles de errores, aún ahora, cuando repites "Que solo hay que llorar y sufrir cuando no se tiene para comer." las manos me tiemblan, se hace un nudo en mi garganta y chillo. Como la misma niña de 13 años a la que le despreciaste el diploma en la cena de graduación.
Y después de tanto pensarlo, de tanto intentarlo, de terminar agotada, he comprendido que no tiene ningún sentido. Te amo papá, y siempre honraré tus enseñanzas y principios, pero he aprendido a amarme más a mi misma, y necesito parar. Renuncio a los extremos, yo solo quiero ser feliz, feliz de verdad, sin decisiones irracionales, sin inestabilidades, sin vaivenes, sin extremos. Y aunque quizás tu nunca llegues a aceptarme, yo desde ya lo hago, te acepto, te amo y te entiendo. No necesito nada más.

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