Monólogo: El columpio vacío


-¿Le tienes miedo al abandono?

-No sabría contestarte...siento que todos ya se han ido, y que nadie de todos modos, optaría por quedarse, en el fondo yo tampoco lo quisiera.

-¿Porqué?

-Por que las despedidas duelen, y han comenzado desde antes, desde mucho antes.

-¿Cuándo?

-Cuando apenas tenía consciencia de ser, cuando a las seis de la tarde nadie venía por mi, cuando los desayunos y almuerzos comenzaron a ser solitarios. Nunca paró, nunca.

-¿Y te has negado a aceptarlo?

-¿El qué? ¿Qué me lastima la soledad? ¿Qué sentido tendría? Tampoco puedo negar que me he hecho en demasía a ella.

-Fingiendo que no te importa, que puedes estar siempre sola, que no importa, si todos eventualmente te abandonan.

-Quienes han sido importantes para mí, siempre lo han hecho. ¿Por qué debería hacerme a la idea de crear nuevos vínculos? ¿Sí al final siempre quedarán rotos?

-Por que, todos los necesitamos, estás basando tus relaciones del presente, en tus malas experiencias del pasado. ¿No puedes ver lo irracional que resulta?

-Es que en el fondo me gusta ser independiente, tan independiente como para masticar y tragarme mis desgracias una a una. Incluso aquellas que me incitan a saltar al vacío.

-¿Y no te resulta doloroso?

-Desde siempre, pero era peor antes, cuando esperaba manos tendidas, abrazos cálidos y palabras bonitas.

-¿Cómo esperas obtener palabras de consuelo, si no eres honesta con el resto? ¿Cómo pretendías que adivinaran tus tormentos? ¿Cómo podías tener siquiera la esperanza de que te alzaran el suéter y palparan las marcas en tu estómago?

-En el fondo, nunca quise que lo supieran, y en silencio suplicaba ayuda de mil formas. "Ayuda, ya no puedo." Pero finalmente, de algún modo hemos llegado hasta aquí y he podido.

-¿Sientes que nadie te quiere?

-En el fondo siempre he pensado que nadie debería quererme, que no es conveniente.

-Que soberana soplapollez. 

-Lo sé, cuesta deshacerse de los viejos hábitos, cuesta horrores. Sé que no me merezco esto, no he hecho nada para merecerlo.

-¿Y entonces?

-Poco a poco...

-Poco a poco...¿Qué?

-Construyamos relaciones nuevamente poco a poco, que aporten, que sumen, que asumamos lo bueno y dejemos ir lo malo.

-Después de todo nadie suma sin restar, y eso, también está bien.

-En el fondo, aunque haya dolido no cambiaría nada...

-¿Nada de qué?

-Ya sabes...a las despedidas me refiero, me han querido y he querido mucho, a pesar de las circunstancias, el dolor y el olvido.

-¿No odias al resto?

-No, vamos a ser honestos, odio no ser capaz de bajar mis barreras, de taparme las heridas y a escondidas, echarles pura sal.

-¿Y qué sentido tiene emular un comportamiento destructivo que solo hace mal?
Ninguno

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