Bitácora


Podría amor perderme en la sinceridad de tus ojos por siempre, podría darte mil besos en esa sonrisa tan limpia durante una vida entera. No me cansaría de tenerte en mis brazos noche a noche, no me cansaría de tus más absurdos miedos, de tus innumerables defectos. He llegado ya mil veces al cielo y luego he caído en brutal picado hacia el duro suelo, todo ello en tu nombre, y puedo jurarte amor que no hay remordimiento o arrepentimiento alguno al respecto. Somos tan disparejos, diferentes y opuestos, todos nuestros recuerdos son tan intensos, el amor, el odio, el sufrimiento, el alivio, la reconciliación. ¿Es que alguien puede acaso asegurar que un amor puede valer la pena sin largas luchas previas?

En nuestra bitácora existen páginas tergiversadas, negras, incompletas, arrancadas, incineradas por mero despecho y dolor. Entre nosotros se ha interpuesto la distancia, el tiempo, la vida misma. Noche a noche morí con tu nombre en mis labios resecos. Te he amado y odiado como a nadie, y sin embargo, de manera sorprendente, como un casual milagro que se creía imposible y lejano, el camino de vuelta hacia tí se trazó claro, la niebla se disipaba mientras aquel maldito reloj que marcaba el preciso instante en que se rompió mi corazón se quebraba en mil pedazos, mi orgullo se desmoronaba ante una inminente y casi perpetua realidad: Te amo, te amo desde ayer, te amo hoy, te amaré mañana, y creeme, esta certeza me acompañará por siempre. 



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