Siembra miedo y recogerás miseria (Montaigne y Galeano)
El ser
humano es desde antaño un ser hecho al accionar colectivo. En primera instancia
dicha colectividad otorgaba al hombre cierta garantía de supervivencia. En un
entorno tan hostil como el prehistórico, en que el ser humano debía enfrentarse
continuamente a peligros inminentes y constantes es natural que aquellos
instintos que alertaran sobre los mismos primaran. El miedo es por ende natural
y necesario. Tan natural y necesario como el accionar colectivo.
No obstante si bien el ser humano ha
evolucionado físicamente, sus formas de organización social han derivado en
evoluciones también significativas: sociales, políticas, y culturales. La
historia del hombre sin embargo es curiosamente cíclica. En pleno siglo XXl, el
miedo, la ciega obediencia a las masas, la histeria colectiva, y sus fatídicas
consecuencias son aún una realidad.
Montaigne
asociaba el miedo a la irracionalidad, a la destrucción de la psique del
hombre, capaz de transformar nobles propósitos en grandes tragedias, capaz de
trastornar incluso a aquellos que el mundo considera sabios, valientes y
capaces. Montaigne (2003): “Hasta
entre los soldados, a quienes el miedo parece que debía sorprender menos,
cuantas veces les ha convertido un rebaño de ovejas en escuadrón de coraceros.”
(p.92) Es por ende el miedo
planteado como un vicio que no discrimina, que es sumamente capaz de adueñarse
de cualquiera.
En cuanto
el miedo, vuelve a los hombres seres
irracionales también los vuelve presa de la masa, del accionar colectivo. Montaigne
(2003): “Terror análogo acomete
a veces a muchedumbres enteras. En uno de los encuentros de Germánico con los
alemanes, dos gruesas columnas de ejército partieron, a causa del horror que de
ellas se apoderó, por dos caminos opuestos; una huía de donde salía la otra” (p.92)
El rol de
aquel legislador que impone el miedo, el rol del legislado que se doblega ante
el mismo, sea este amigo o enemigo, es continuamente planteado por Montaigne
como alarde de pasividad. La magnitud de la injusticia a reclamar que se
disipa, la magnitud de la voluntad que es fácilmente doblegada por una simple
pero poderosa emoción, son expresadas casi como condenas. Montaigne (2003):“Ya nos pone alas en los talones, como
aconteció a los dos primeros, ya nos deja clavados en la tierra y nos rodea de
obstáculos” (p.93)
El miedo es
por lo tanto contraproducente en toda circunstancia. Si bien el vivir acarrea
enfrentar constantemente casi de forma inherente situaciones inesperadas y
atemorizantes… ¿Es o no la voluntad toda arma que nos queda en un mundo de porvenir
tan impredecible? Sí el miedo es capaz
de doblegar la voluntad entonces, estamos perdidos de manera irremediable. Montaigne
(2003): “Nada me horroriza más
que el miedo y a nada debe temerse tanto como al miedo; de tal modo sobrepuja
en consecuencias terribles a todos los demás accidentes” (p.93)
Eduardo
Galeano por su parte relaciona el miedo al poder, adjudica la pasividad del
hombre al sistema, responsabiliza al sistema de impartir el miedo del cual se
alimenta. Culpa a esta curiosa emoción de las grandes y pasivas atrocidades que
en ocasiones consiente el colectivo. Galeano
(2012):“Habitamos un mundo gobernado por
el miedo, el miedo manda, el poder come miedo, ¿qué sería del poder sin el
miedo? Sin el miedo que el propio poder genera para perpetuarse.”
El miedo es
por ende el engranaje del sistema, forma parte de la vida cuotidiana del
hombre, de sus accionares y necesidades más básicas. Galeano (2012): “Los que trabajan tienen miedo de perder
el trabajo. Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas
tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.”
Es
también para Galeano fiel participante en la construcción del mundo y su
funcionamiento, que cuanto más considera irracional. Galeano (2012): “La democracia tiene miedo de recordar y
el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares. Los
militares tienen miedo a la falta de armas. Las armas tienen miedo a la falta
de guerra.”
Es por ende el miedo, al igual que para
Montaigne un indudable actor político. Ni el miedo, tampoco el hombre, son
capaces de cambiar dicha naturaleza. Galeano (1971) “En Rey Lear, Shakespeare había escrito que en este mundo los locos
conducen a los ciegos y cuatro siglos después, los amos del mundo son locos
enamorados de la muerte que han convertido al mundo en un lugar donde cada
minuto mueren de hambre o de enfermedad curable 10 niños y cada minuto se
gastan 3 millones de dólares, tres millones de dólares por minuto en la
industria militar que es una fábrica de muerte.” (p.133)
El
rol del legislador atemorizante, el rol del legislado atemorizado, tampoco ha
cambiado.
El miedo es
por lo tanto un arma de naturaleza política, es un arma que junto a la
naturaleza colectiva del hombre puede perpetrar auténticas miserias. Hechos
históricos del accionar irracional del hombre pueden ser citados hasta el
cansancio.
Solo en un mundo plenamente dominado por el miedo puede justificarse
el lanzamiento de una bomba atómica capaz de extinguir 100.000 vidas en el
transcurso de un suspiro.
Solo en un
mundo dominado por la histeria el colectivo es capaz de asentir ciegamente ante
la invasión y la masacre injustificada de millones de civiles en oriente medio.
Solo en un mundo dominado por la pasividad, puede naturalizarse la muerte de
aquellos que duermen bajo puentes y en esquinas. Solo en un
mundo dominado por la subjetividad y la falta de empatía se otorga al universo
la posibilidad de arreglar innumerables catástrofes en lugar de reaccionar como
colectivo.
Entonces… ¿Dónde quedan los nobles motivos? ¿Las valientes acciones?
¿La sabiduría, cuna de nuestras civilizaciones? El miedo puede entonces estar
despojando a la humanidad de todo logro del que pueda haberse llegado a sentir
orgullosa, y el límite, el límite parece no existir.
Una
sobreviviente de la bomba de Hiroshima reflexionaría
lo siguiente en el documental expuesto en el año 2015 acerca del aniversario de
la Bomba
“A pesar de todo no odio a quienes lanzaron la
bomba, Puedo decir que fui testigo de lo maravillosas que pueden ser las
personas después de perderlo todo. Pero nunca olvidare que fueron humanos los que lanzaron aquella bomba
atómica sobre otros seres humanos”
Referencias Bibliográficas
BBC Mundo.
(2015) Hiroshima: Sobreviviente recuerda
la bomba atómica 70 años después. Obtenido de: http://www.bbc.com/mundo
Canal
Encuentro. (2012) La vida según Galeano:
El miedo manda. Obtenido de: http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=106548
Eduardo
Galeano. (1971) Las venas abiertas de América Latina. Uruguay. Monthly Review
Michel de Montaigne. (2003) Ensayos de Michel de Montaigne. Edición
digital. Casa Editorial Garnier Hermanos, [s.a.] Obtenido de: http://www.cervantesvirtual.com/

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