La noche de los lápices: Un cuento sin moraleja
La narración transcurre mediante la cotidianidad en un mundo paralelo,
extrañamente similar al que conocemos. La sencillez predomina en las páginas,
el lector asume que la narrativa es intrínsecamente fantástica. No obstante,
existe una pista apartada, escondida entre las esquinas. Quizás este mundo
fantástico es paralelo al nuestro. Quizás en algunas ocasiones la realidad supera con creces la ficción.
La represión es elemento de
cohesión social que queda fielmente reflejado en numerosos cuentos. El contexto
histórico y político se palpa tras las estratificaciones sociales. Todos los participantes
tienen roles definidos. Los cronopios representan la clase media. Se destaca la
poca empatía que tienen hacia las esperanzas, como por el contrario intentan
agradar a los famas. Los famas son las élites, son seres dotados de
innumerables bendiciones y suertes, detalla su arrogancia, su justificado
narcicismo. La existencia de las esperanzas es planteada de una manera
retórica. Pues pese a ser esperanzas, nacen condicionadas a la amargura.
Cortázar ejerce el rol de
narrador objetivo, y debe reconocérsele que también acierta a dar predicciones
de adivino. Esto queda especialmente plasmado en uno de sus relatos. “Cuento
sin moraleja” narra como un vendedor se dirige hacia el tirano de turno, y
decide venderle sus últimas palabras. “Vengo
a venderle sus últimas palabras (…) Son muy importantes porque a usted nunca le
van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro
trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo.” (Cortázar, 1962)
En el cuento la hostilidad,
la violencia y la intolerancia se hacen presentes en cuanto el hombre pronuncia
esas palabras. Nos es presentada a su
vez una cúpula militar, asistentes y verdugos de los mismos. Entre ellos existe
una relación clientelista, verdugos y asistentes obedecen en pos de obtener
beneficios. El tirano se alarma, decide entonces escuchar al vendedor. No
obstante, es fusilado por la cúpula antes de que pueda decir sus últimas
palabras.
Catorce años después, con
exactitud en 1976 la cúpula militar Argentina realiza un golpe de Estado.
Iniciando así “El proceso de reorganización nacional”. El tirano, la cúpula,
sus asistentes, sus intolerantes verdugos y finalmente el vendedor de palabras
dejarían de ser personajes planos, pasarían a ser personajes reales, de carne y
hueso, tan reales como nosotros mismos.
El
sentimiento de lo fantástico que tanto resalta el escritor establece una brecha
muy estrecha que separa lo real de lo irreal. Si bien en la primera parte del
cuento el uso de la violencia es perpetuo, a medida que la narración continúa
el relato se torna más escabroso. Pues la cúpula no se siente satisfecha con matar
al tirano, debe acabar desde la raíz con aquello que le incomoda. El vendedor
por la tanto es secuestrado, torturado, y asesinado a puntapiés.
La noche
del 16 de septiembre del año 76, en la ciudad de la Plata, 10 jóvenes de entre
13 y 16 años fueron secuestrados, torturados y asesinados. Este suceso conocido
como “La noche de los lápices” tenía como objetivo escarmentar a la juventud
subversiva y militante. Se reitera la intención de la cúpula, acabar desde la
raíz con todo aquello que les incomodase, aquello que eran incapaces de
tolerar. Nuevamente la brecha entre la narración fantástica del cuento y los
hechos reales es estrecha, casi invisible. Cortázar demuestra que la ficción
puede devenir por un sinnúmero de circunstancias, en situaciones reales.
El título
del relato “Un cuento sin moraleja” es la síntesis del episodio represivo de
aquella noche, como también lo es de muchos otros episodios que actualmente se
cobran el saldo de 30.000 seres humanos desaparecidos. La persecución, la
tortura, la intolerancia y el asesinato no son acciones de las cuales se
derivan moralejas. Este episodio negro en el libro de la historia Argentina no
tiene una razón lógica de ser. Los actos y delitos cometidos por el Estado no
podrán ser enmendados ni justificados. No existe moraleja alguna, existe una
responsabilidad social para con las víctimas y desaparecidos.
“Cuento sin
moraleja” es por lo tanto un título sublime, podría traducirse acertadamente
como “Llamado a la memoria histórica”. Las últimas líneas del mismo envían este
mensaje. “Los vendedores callejeros que
le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos
gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó
con los generales y los secretarios (…) Y se fueron pudriendo todos, el
tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban
de cuando en cuando en las esquinas.”
(Cortázar, 1962) Pese a los hechos, los gritos resuenan,
el deber de colectivo según el relato, es hacer eco constante de los mismos.
Hasta que se haga justicia, hasta que en la memoria de generaciones venideras
permanezca firme la idea, la convicción de que no deben escribirse más cuentos
sin moralejas.
Referencias Bibliográficas
Cortázar, J. (1962). Historias
de cronopios y de famas. Buenos Aires: Alfaguara.
Obtenido de: www.nuevaliteratura.com.ar

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