Relato en una noche fría


Las largas pestañas rozan mis húmedas mejillas,
Los latidos de un corazón de hierro repican lentamente en mis oídos.
La resequedad de mis labios se asemeja a tu cruel indiferencia, 

Las ideas inconcretas, las palabras nunca dichas, las circunstancias no resueltas...
Dime, ¿Importan ya?
Dime, ¿Qué fue de las promesas rotas?
Dime, ¿Qué hay de las expectativas e ilusiones?
Dime, ¿Importan ya?

Mi sonrisa sarcástica se extiende de hoyuelo a hoyuelo
Que preguntas tan estúpidas, 
Inútiles y tardías, 
Corren en busca de respuestas, que ya ni existen, ni mucho menos importan.

El humo rancio del cigarrillo me sabe a pura vida, 
Cuánta desolación,
Cuántos recuerdos nostálgicos, 
Cuántas metas no realizadas

Que alguien me devuelva el tiempo perdido,
que alguien me devuelva los besos dados,
que alguien me devuelva las absurdas lágrimas derramadas, 
que alguien por favor traiga de vuelta el sentido que me arrebataste.

Mis manos tiemblan tanteando la oscura niebla,
pues sé, que el monstruo de la ira me acecha en cada esquina,
Los sentimientos continúan ausentes,
el nudo en mi garganta, no obstante se mantiene latente

Mi cansado cuerpo se desliza en las suaves y finas sábanas, 
la frialdad de la solitaria cama, se clava en mí como una estaca,
Pues, no hay peor certeza que la soledad 

Y en la oscura noche me sumo, 
en busca de razones que no puedo hallar,
sin tener certeza de que camino tomar,

El fuego de la ira se disipa y la desesperanza me acongoja, 
Los pesados párpados descansan,
Las lágrimas se secan,
y como cada simple noche,
tu nombre muere en mis labios.


Las ideas inconcretas, las palabras nunca dichas, las circunstancias no resueltas...
Dime, ¿Importan ya?
Dime, ¿Qué fue de las promesas rotas?
Dime, ¿Qué hay de las expectativas e ilusiones?
Dime, ¿Importan ya?

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