Incomprensible y rota



El día en que mi vida se tornó oscuridad,
Puedo con sinceridad admitir que todo me pareció perdido,
Los días se volvieron noches, 
Y las noches se volvieron tormentosas pesadillas,
Pesadillas, en las que difícilmente se hallaban razones, 

Las paredes claras me inducían a la indiferencia, 
Me sumían y me ahogaban en el vacío
Sentía que mi alma estaba incompleta,

Que el silencio era tan certero y estricto,
Que la vida era un reproche continuo, 
Poco importaba ya, 
Poco se podía hacer, 
Soñaba cada noche, con no llegar al amanecer,

De mis ojos no brotaba lágrima alguna, 
Solo miradas rota y llenas de ira,
Reproches y pasado.
Sabía por ende que nadie me comprendía,

No me escandalizaron los juicios rápidos,
Aquel infierno no eran ellos, quienes lo vivían, 
Aprendí en aquel momento, que juez de mí, nadie sería.

Mil cicatrices descansaban en mi cuerpo, 
Pero en el fondo yo me hallaba tranquila,
Siempre he sido inteligente,
Sé en que consiste el daño que me infrinjo,
Y tal vez por eso, yo concluya, que el masoquismo es un mal crónico.

Me sentía, desolada, triste y acabada
No obstante, grandes certezas a mí llegaban,
Nada era para siempre,
Y la eternidad comenzaba a ser finita, 

No me decepciono no soportar tal dolor,
Siempre supe que algún día,
Me resquebrajaría, 

Y entonces, con la certeza de preferir la muerte al existencialismo, 
Tome la firme decisión, de no morir como la gran mayoría,

Son mis propósitos, 
Mis ideales,
Mis absurdas pero, poderosas convicciones, 
Las que me salvaron la vida.

Por ende, disculpa si aveces mi naturaleza te resulta incompresible,
Solo sigo siendo un alma rota,
En busca de sueños y anhelos
que me devuelvan, 
el sentido que perdí,
el sentido que definía mi camino,
Inicié un gran viaje, 
Y lo cierto es que tu puedes, tomar mi mano,
Y dejarme ir si quieres.


No hay reproches, ni expectativas.






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