¿Por qué no me rindo?




Es un cuestionamiento que suelo hacerme a menudo. Siendo abiertamente franca, personalmente no atravieso el mejor de mis momentos. Y que decir que de buenos momentos he tenido bastante pocos durante los últimos años.  Tan pocos, que creo, he vivido en huracán durante mucho tiempo, un huracán que desde luego destruye mucho de mí, de mi vida, y de mis seres queridos a su paso, pero que, sin embargo lo que aún no puede destruir aún es mi voluntad de vida.  A veces, no miento y lo digo claramente, pienso que todo este escenario está siendo escrito por un macabro guionista, que se divierte derramando tinta negra y tóxica sobre mis convicciones, mis deseos y mi futuro.
Muchas personas adultas, algunos intelectuales incluso, se piensan que un adolescente simplemente no puede tener problemas, que por tener conexión a internet, pues bueno, debo ser la persona más afortunada del planeta tierra, ya que muchos no tienen que llevarse a la boca. Y créanme desde luego que es un pensamiento bastante absurdo.
Desde que llegue a este maravilloso lugar (en la palabra maravilloso inserte por favor todo el sarcasmo del mundo) todos mis recuerdos están increíblemente manchados por las desgracias, las perdidas, las despedidas y cuanto más las tragedias.
Este blog lo comencé con 14 años y sinceramente nunca pensé que llegaría a tener estas visitas, o que me sentiría sentimentalmente ligada a él, pero es así. Lo hice con la simple intención de expresar lo que tan difícilmente puedo hacer con palabras habladas. Comencé a escribir por que las mismas me estaban ahogando. Y supongo que si es así tengo derecho a expresar lo que me sucede, lo que pienso, lo que quiero gritar a los cuatro vientos, y sobretodo, encontrar razones para seguirlo intentando.
A día de hoy tengo 19 años, y la vida se ha convertido prácticamente en un juego de supervivencia, las pruebas, y muy duras pruebas llegan a mí, una tras otra, a veces no tengo descanso alguno, no estoy de pie recuperándome de la última caída, cuándo otra drástica noticia vuelve a tumbarme.  Y no estamos hablando únicamente de mis problemas personales, que bien no han sido pocos y que además he lidiado la mayoría del tiempo sola…si no también a los errores cometidos por otros que directamente vienen y me apuñalan por la espalda.
El último año de mi vida, ósea mi último año de colegio estuvo marcado por un esfuerzo bárbaro, un esfuerzo que a veces, no me permitía ni respirar. Estudie, como si no hubiera un mañana, me esforcé como si no hubiera un mañana, TRABAJE, como si no fuera humana, dormí menos que una hormiga ¿Y sin embargo que obtuve? Al finalizar el curso, eran más las desgracias que las buenas nuevas. Todos mis méritos (reconocidos además) le fueron otorgados a otro pues que sencillamente cumplía con los estándares de alcurnia y sociedad, (esos fetiches clasistas y más), una pérdida irreparable me azotó a mí y a todos quienes conformábamos el último año de bachillerato, pérdida que por cierto, estoy segura, ninguno de nosotros superará jamás en la vida. Perdí una fabulosa oportunidad de obtener una beca en el exterior por esa misma situación, me vi OBLIGADA (porque no hay otra definición) a mantenerme quieta por que la sobreprotección de mis progenitores no les permite dejarme arriesgar, y prefieren tenerme encerrada en una jaulita  segura. Lo que no entienden es que si esta situación continua así, romperé la jaula a cabezazos y me iré, estén ellos de acuerdo o no. Estoy actualmente sometida a una presión impresionante, en la que debo mantener la compostura y ser lo más madura posible aún que estas no sean mis responsabilidades, aunque no tenga yo por que pagar el precio de lo que muchos han hecho de su vida, simplemente me toca.  La situación económica de mi familia tambalea bastante, los acreedores asfixian con amenazas absurdas (personas que se creen extremadamente ricas o algo por el estilo), yo trabajo y ahorro de manera increíble para no tener trabajo estable, pero todo, todo se va…no importa si me quedo un mes entero hasta las 4 am haciendo deberes para universitarios, si emprendo proyectos de vente  y reventa, si hago más de 100 encuestas renumeradas. Todo se va en ayudar, en mantener, en pagar, en comprar, COSAS QUE NO ESTOY OBLIGADA A HACER.
Y me resulta tan frustrante todo, porque por más que nado a contracorriente las olas me siguen devolviendo mar adentro, no me dejan pisar tierra firme, me llevan del desquicie a la desesperación, en la oscuridad de un océano nocturno, a veces siento ganas de dejar de nadar, sumergirme y contar hasta un millón.
Quienes me conocen y han convivido conmigo muchísimo tiempo, en su mayoría todo el tiempo han visto a una persona, extraña, dura, fría y condenadamente directa y honesta. Pero es que ni de lejos, ni de lejos se imaginan todo lo que he pasado, paso, y a veces pienso que nunca dejaré de pasar. Admito que huir es tentador, que leo, y veo documentales como una freak para no sentirme  atada a la realidad, a la oscuridad presente en mi realidad. Pero ya me cansó, y no me entristece nada, más bien me EMPUTA (así bien bonito en palabras mayúsculas) estoy desesperada,  una carga inmensa que no me pertenece recae sobre mis hombros, mi esfuerzo, todo mi esfuerzo realizado parece estar siendo ultrajado y pisoteado. Y a mis 19 años me siento ya cansada. Pero aun así, no puedo rendirme. Muchas personas me critican una actitud de vida, aquella que declaro con orgullo y sin remordimientos, “si dejo de luchar, significa que he elegido el suicidio”. ¿Para qué coño he venido al mundo si no es para hacer algo útil? ¿Si no es para cumplir mis sueños? Si vivo, es porque estoy luchando constantemente y cuándo decida rendirme (si es que algún día lo hago) será para siempre. No conozco demasiado bien mi naturaleza, no sé si esto significa que he nacido masoquista perdida, o persistente innata, pero quiero continuar viviendo, quiero continuar luchando, porque tengo esperanzas en mi propio esfuerzo, y aunque todo este en la mierda,  saco las fuerzas de donde no las tengo para caminar y tirar para adelante un poquito más. Aunque este sola emocionalmente para sobrellevarlo y aunque la ansiedad me grita constantemente que recurra a mis traumas para consolarme, yo todo lo que hago es sonreír amargamente, daré de mi cuanto pueda, cuanto esté en mi limitado poder en mano.  Mi voluntad de vida es fuerte, creo que esa es la verdadera razón por la que me niego a rendirme.
Gracias por leerme, linda tarde.

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