¿Por que no encajo en la sociedad?




Esto me sucede desde que era especialmente pequeña, no sería yo mayor de cinco años cuándo mis padres decidieron llevarme con ellos a España. Tampoco sería demasiado el tiempo que tardé en ingresar a una escuela primaria en la ciudad de Barcelona, y desde luego muy pronto comprendí que para mí, el interactuar con individuos de mi raza, no sería algo sencillo. Corría el año 2001 y en aquel entonces las palabras ‘bullying’ o ‘acoso escolar’ no estaban extendidas, y no tenían demasiado peso en la sociedad.  Y desde luego yo a mi cortísima edad tampoco entendía demasiado de ello, pero eso desde luego no me impidió experimentarlo. Nunca me fue fácil iniciar una charla común con alguno de mis compañeros, en el recreo no buscaba la compañía de nadie a ciencia cierta, yo era más de sentarme  a comer bajo un árbol y pensar en Doraemon, Sailor Moon, o la inmortalidad del cangrejo. Supongo que al no tener esa necesidad de interactuar con otros hizo que me viera débil o frágil, así que no tarde demasiado en ser víctima de burlas y golpes. Lo cierto es que aunque me hicieran sentir de algún modo mal, nunca considere que fuera suficiente como para comunicarle algo a mis padres, no se tampoco si los profesores no se daban cuenta de ello (o preferían no darle importancia) pero pude llevar ese estilo de vida durante más de un año y medio aproximadamente. Nunca tuve ningún ‘amiguito real’ nunca fui a la casa de ‘un compañerit@ a jugar’ ni nada por el estilo, y al trabajar tanto mis padres como en aquel entonces, la verdad es que tampoco pasaba gran parte de mi tiempo con ellos. Me hice a aquella idea, la idea de que estar sola era algo bastante común, la idea de que prefería la seguridad de cuatro paredes, la compañía de un libro que me hacía vivir aventuras, a interactuar con los demás. Y eso no estaba mal del todo, pero los moretones y mordidas seguían apareciendo mágicamente en mi cuerpo. Afortunadamente por así decirlo no tardamos demasiado en mudarnos a un pueblito de Tarragona, llamado Cunit, (cuanto daría por volver algún día) y allí todo fue mucho más tranquilo. Si bien nunca tuve la necesidad de buscar amigos (y es que nunca la he tenido) hablar e interactuar con quienes me rodeaban se convirtió en algo más sencillo. Eso sí mis solitarios recreos continuaron, y las personas con las que verdaderamente establecí vínculos no pasaran de 3 o 4, pasaron años, para poder empatizar en su totalidad con el grupo. Y no es que me sintiera especialmente insegura, es que simplemente nunca he buscado tener amistad con nadie a la fuerza. No obstante y aunque el grupo fuera muy variado realmente ha sido el lugar en el que más integrada me he sentido, EN TODA MI VIDA. Lo que más admiro de aquel curso ahora que han pasado casi 10 años de ello, es que todos nos respetábamos, las clases sociales no nos diferenciaban, no consideramos a nadie inferior a nosotros, éramos solidarios, aquel grupo me demostró más humanidad junta que todas las personas que he conocido en los últimos años de mi vida.


Cuando  estaba a pocos meses de cumplir 12 años, aquella tarde de un 26 de Febrero del año 2008, dejé aquella escuela, muchos momentos atrás que me marcarían por siempre, muchos sentimientos que en verdad añoro. Y volví a mi tierra natal. Ecuador. Mis padres son oriundos de un pequeño pueblo, así que luego de pasar años y años trabajando decidieron volver antes de que la crisis llegara a España.  Mi país por aquel entonces recién estaba experimentando cambios políticos y sociales positivos (si están interesados en ello pueden investigar sobre la situación que vivía Ecuador 8 años atrás) por lo que la educación fiscal o pública en aquella época no les resulto convincente a mis padres, así que decidieron colocarme en la institución más reconocida del lugar, privada de hecho. Y en aquel entonces, sinceramente la idea no me hizo demasiada gracia, nunca había ido a una escuela privada en toda mi vida, y la idea de ‘la exclusividad’ no me parecía y sigue sin parecerme atractiva. Al comenzar el curso pude darme cuenta de cosas que me impresionaron, primero por que pude observar como niños de 11 años hablaban con total propiedad de viajes y dinero, como tomaban por sí mismos decisiones que yo nunca había podido tomar sin consultar a mis padres. Pero no obstante lo que sinceramente más me choco en aquel entonces fue observar el sentimiento de superioridad que existía en ellos, donde los trabajos más humildes, o que menos remuneración recibían eran motivo de burla. Burlarse, denigrar, robar, a vendedores ambulantes. Hablar con autoridad a quienes realizaban el aseo o la conserjería. Eran cosas que yo jamás había observado en mi vida. Y cabe decir que no aludo a ello como crítica sino más bien para dar a entender que en mi país, SI ha existo una brecha gigantesca entre clases sociales. Cabe decir que con el tiempo me acostumbre a ver o a escuchar este tipo de cosas (no solo en mi institución, si no en muchos más lugares). Luego estuvieron otros factores que también me desconcertaron bastante, por ejemplo, había siempre una necesidad de ser ‘populares’ ‘pertenecer a un grupo’ ‘ir a la moda’ en muchísimas personas, (no hablo ya de mi clase de colegio sino de todo el ambiente en general). La envidia y la hipocresía se podían respirar en el aire. Al ser una persona callada y reservada, siempre tuve la oportunidad de ver el comportamiento real de las personas, eso, me hizo mucho más fácil poder observar a simple vista las intenciones de muchas personas. Yo no quería eso, no quería pertenecer a un grupo de personas así. Prefería no tener amigos, ser forever-rara, y ser foreveralone, pues sabía que tarde o temprano me acabarían decepcionando. Cabe decir también que nunca he tenido miedo de decir lo que opino, de expresar y respaldar mis ideas con argumentos, y esto a lo largo de mi vida también ha sido un problema. Mi ideología política, y humanista era muy diferente a la de muchas personas. Desde pequeña mi padre más que todo me inculco la importancia de la vida sobre las cosas superficiales y antinaturales como la riqueza y el dinero. En este lugar, no es así. Y lo aseguro, estas personas viven estancadas deseando que el feudalismo vuelva.  Las generaciones nacidas, se echan a perder por la ignorancia que reciben de sus progenitores. Durante mis años de adolescencia he conocido a personas extremadamente acomplejadas, y vamos esto no distingue clase social alguna. He conocido personas adineradas (pero no ricas) y personas de bajos recursos económicos (pero no pobres) que viven odiándose unos a otros, y de hecho sin conocerse. Lo cual me parece una completa gilipollez, ya que la idiotez y la intolerancia no distingue de clases sociales, está bastante extendida en la sociedad. Jamás me he inclinado hacia un lado o hacía el otro, quien me cae bien lo hace por ser quien es, por pensar cómo piensa, y no precisamente por tener mucho, o poco. Yo creo en la igualdad de derechos, condiciones y oportunidades sin importar las clases sociales, pienso que debemos brindar a todos los seres humanos la oportunidad de tener una vida digna y de progresar. Pero desgraciadamente, aquí, pocos, o nadie tienen esa intención real de integración y aceptación los unos de los otros. He visto humillar a quienes tienen, y he visto arremeter con envidia y malas intenciones a quienes no. Y por eso precisamente, yo me he quedado muy aparte de estos dos grandes grupos, con 3 o 4 pendejos más que se sienten, o simplemente quieren excluirse del funcionamiento de esta sociedad.


La convicción en mis ideales es lo que más molesta a quienes me rodean, la seguridad con la que los argumento, el estilo de vida que elijo. Mi forma de ser humana y realista, aunque esa realidad y ese humanismo valga tan poco para algunos. Y sobre todo la mayoría de veces odian no poder desacreditarme. No poder cambiarme, y más de las veces no poder hundirme. Siempre he pensado que hay muchas personas comunes y que todas ellas pueden encargarse de ser normales y de mantener un equilibro cuanto más hipócrita. Para ser como el resto, ya están todos ellos. Así que yo opte no por ser diferente, si no por ser yo misma. A veces creo que ni la sociedad de este lugar quiere que me integre, ni que yo especialmente tenga interés en integrarme.
Si esto es ser rara, marginada, loca, soñadora en vano y demás, a mí me tiene bien sin cuidado.

Yo solo quiero ser yo misma, que me odien o me quieran por la misma razón ya es problema de otros.

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