Hogar
Caminar
anonada mirando el paso de cebra cubierto por una neblina espumosa y leve. Contemplar
en un manto oscuro y profundo la luz en el centro de la circunferencia rodeada
de ramas retorcidas y arrogantes. Sentirlo…El frío recorrer la garganta y
condensarse en susurros que desbordaban mi mirada:
El temor a
no ser lo suficientemente buena,
La certeza
de los juicios ciegos,
El acecho
de recuerdos angustiosos en las esquinas oscuras de las ventanas empañadas,
Y, en todo
ello, la voluntad elevándose furiosa en mi piel,
Los
amaneceres a las cinco en punto de la mañana,
El calor
remolón; los golpes del viento y el graznido de los cuervos,
Los “French
Vanilla Coffee” y mis ojos de niña tanteando las letras escondidas en la
filosofía,
El helado
de maple, las luces parpadeantes en Queen Street,
El musical
de Anna de Las tejas verdes reflejado en las esculturas de hielo,
La
seguridad y la ausencia del dolor,
Las puestas
de sol y las estrellas dibujadas en el firmamento,
Y en el
corazón…en el corazón los trazos de una vida robada que empieza a
experimentarse con rabia;
Cuanto
daría por prolongarlo, por volver….

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