Sol en acrílico
La
transpiración empapaba la tela y los ruedos de la falda me raspaban las
rodillas. A través de mis pupilas se difuminaban las nubes en tonalidades rojas
y amarillas. Las líneas de su rostro se manifestaban tan amables como siempre;
acompañándome en mi sendero fértil hacia el conocimiento; aunque, aquel, de
entre todos, resultara tan poco agradable…
No existe
en el ático de mis pasadas emociones deje de recuerdo alguno; ni forma; ni voz,
ni el reflejo de mi sombra dibujado sobre la tierra hosca y envenenada. La luz
que se cuela tímida por la claraboya de las estrechas paredes solo recae bajo
su canción de cuna, disfrazada de respuestas. La figura de mi madre se divisaba
lejana, hilvanando la significación; y el secreto de sus palabras. Los pasos de
mamá se sentían cercanos y bajo ellos se dibujaba una circunscripción de
constelaciones mudas.
“Cuando
mamá de la vuelta, cuando llegue, habrá regresado de España”
Y parecía tener
razón, recalco, como siempre. Cuando sus labios se sellaron resecos de
sentencia el susurro amable de quien formó mi corazón nos saludaba en silencio,
mezclándose como la miel pasada en mis memorias infantiles; persistiendo, deslizándose
por el lienzo, donde relucen nuestras figuras frente al crepúsculo, como
difuminadas en acrílico.
En mi
cabello se encontraban entrelazados solo tres pétalos de manzanilla; el dolor
del que se sacrifica; del que parte, ya trepaba por mis venas…Sí, esa fue la
primera y también la última vez que nos recuerdo juntos, que la palabra familia
se escurrió agridulce por mis hoyuelos.
Y en las
constelaciones se han plasmado los años; los pétalos de manzanilla se han
desojado en mi llanto; pero, desde entonces, desde que encontré mi reflejo en
la luna llena, las puestas de sol me han sosegado el alma. Sus brazos
fraternales me acogen, las mentiras no existen y las promesas, se cumplen, como
los anhelos, difuminadas en acrílico.

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