Welcome back, dear monster.



Me gustaría pensar que aquella mota de luz que se cuela por la ventana no marchará tan pronto como ha llegado. El olor a recuerdos amargos resuena cual burlona melodía. La mota danza gustosa al son de la misma; traición e ironía. Cuán inesperadas vueltas da la vida. Una desdichada gota está a punto de suicidarse lanzándose al lavacaras. Me compadezco de ella, cruel destino enfrentamos, aquellos que nacen con estrellas, aquellos que lo hacen estrellados. La vida en su negligente afán de ser justa nos maldice a todos como más le convenga. Ciegamente, inconscientemente aceptamos tal consigna. El crepúsculo devora todo cuanto a su paso encuentra, los escasos rayos de luz huyen despavoridos. Inútilmente, mueren desangrados a manos de frías garras. El horizonte se tiñe de rojo y la pequeña mota continua al vaivén de la melodía. Traición e ironía, ironía y traición. El júbilo la enajena. Cuál fiel testigo de su pronta muerte me hallo en primera fila. El crepúsculo me ignora presumido; puede devorar la luz. Los frágiles humanos no le interesan más de la cuenta, es más divertido acorralarlos, desnudar sus miedos, retenerlos presos del vacío. Y entonces no sé qué siento acerca de la pobre mota, si sentir pena por su corta existencia, o envidia por su indolora inexistencia. No hay luz, el vacío se refleja en los cristales. El crepúsculo es pasivo, paciente y meticuloso. El temor es desde luego un miedo al que se debe dar los respectivos cuidados. Maldigo mi mente débil, hay miserias que nunca prescriben. 

Comentarios

Entradas populares