¿Quién va a curarme a mí todos mis males?



¿Quién puede acompañarme y comprenderme en tan finita soledad? ¿Quién puede acompañarme sin sentir miedo alguno en esta oscuridad tan real y palpable? ¿Quién tendría esa seguridad de suicida?
¿Quién se quedará a mi lado sin que yo se lo pida? ¿Quién puede amarme sin sentir remordimiento por ello? 

Y es que aveces cuándo incluso el silencio acalla, cuando las sandeces no rondan, cuándo la oscuridad me envuelve, y la certeza de la soledad me apuñala lenta y silenciosamente, lo entiendo, en el fondo, siempre, estoy a punto de perderlo todo, en el fondo sigo siendo una niña pequeña que teme que sus peores miedos revivan. Comprendo que mi fortaleza se desintegra tan rápido como el trozo maltrecho de papel bajo la tormenta. Comprendo que necesito sanar, olvidar y continuar más de lo que jamás soy capaz de demostrar.

Por favor, que alguien me de la certeza de que algún día no muy lejano podré recuperarme, traerme de vuelta, abrazar a quienes ya no están, dejar de temer ausencias y silencios en la oscuridad. Que alguien me aseguré que algún día ya no será necesario lastimarme para calmar el dolor que me quema la piel y me oprime el corazón. Qué por favor alguien se digne a darme esperanzas con garantías, que no solo se queden por interés y acaben de echarle sal a todas mis heridas. 



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