16 de abril del 2016

Es dificil para mi  intentar dar testimonio de lo que ocurrió aquella noche, es difícil para mí, aún ahora procesar todo lo sucedido, es difícil para mi lidiar con las imágenes de dolor, es aún más difícil comprender y admitir que si bien esos minutos fueron de un terror indescriptible, más terroríficas fueron y son las miserias humanas.

Hace ocho años retorné a mi país luego de haber vivido unos cuantos años en el extranjero, el pueblo donde habite hasta hace poco se halla en la provincia de Manabí a dos horas de Pedernales, a dos horas del epicentro del terremoto.
Desde que tengo memoria, los temblores son realmente comunes todos los años, se dan de manera algo paulatina, algunos se sienten fuertes, pero su duración es realmente corta. En esta ocasión fue realmente diferente.

El temblor se prolongó por severos segundos, en ese momento me hallaba en mi habitación, así que lo más sensato fue apostar por colocarme debajo del arco de la puerta, solo mis mascotas se hallaban en casa, así que asumí que si no mantenía la calma, nadie estaría para salvarme. El temblor siguió y mi estado de pánico aumentó, sólo mantenía el teléfono apretado en una mano y la otra me sostenía del arco de la puerta. Entonces comenzó lo peor, mi casa se mecía al antojo del terremoto, se sacudía brutalmente hacía todas las direcciones, los platos salían de los reposteros, los muebles y televisores se caían, las lámparas de cristal se estrellaban contra el suelo. En aquellos momentos tuve más que nunca en mi vida, certeza de una muerte inminente, asumí que mi vida en ese preciso momento no me pertenecía. Cuándo pude bajar la escalera que milagrosamente no se había venido abajo, comenzó lo peor, lo realmente aterrador, busque a mis mascotas y trate de calmarlas afortunadamente no les había sucedido nada, luego mis dedos se deslizaron frenéticamente sobre el teclado táctil, como nunca antes, no tenía noción de que hacer a partir de ahí, le escribí a mi padre que se encuentra a millas de distancia, no sabía si mantenerme dentro de casa o salir, temía realmente una magnitud mayor en alguna réplica. Al mismo tiempo intente llamar a mis familiares y a mi novio, entonces la desesperación comenzó a comerme el seso, nadie me contestaba, sentí más que nunca la ansiedad en carne viva, mi respiración se agitó, salí a la calle a intentar buscarlos, a medio camino me encontré con mi abuela, ella lloraba a mares, la gente alrededor rezaba, gritaba, los cables del tendido eléctrico chispeaban en el suelo, en la infinita oscuridad, todo el mundo corría, jamás en mi vida pensé verme sumida en una escena tan apocalíptica, al girar la cuadra comprendí con terror la magnitud de la desgracia, a mi tía la habían logrado sacar de los escombros de milagro, pues su casa se vino abajo completamente con toda su familia adentro, ella temblaba, y entonces sucumbí, mi respiración era inconsistente, no podía parar de llorar ni de sentirme completamente perdida, no sabía nada aún de todos mis seres queridos, la simple idea de que algo les podía haber sucedido me hacía perder la cordura. Entonces la alerta de tsunami fue emitida, me apresure a volver a casa y a tomar mis pertenencias, cuando apresuradamente lo intentaba desde el portal oí como alguien me llamaba sumamente preocupado, era mi novio, y cuándo lo ví, gran parte de mi alma volvió a mi cuerpo, jamás podré olvidar ese momento en mi vida.
Aquella noche no dormí más de tres horas, me mantuve sentada escuchando la radio y todas las noticias que llegaban a mis oídos, sentí varias réplicas, la tierra tembló la noche entera.

Cuando la luz del sol llegó la destrucción pudo observarse de manera mucho más real, la situación entonces pasó a convertirse en algo llamado "histeria colectiva". 
Los saqueos comenzaron, los víveres comenzaron a agotarse, las personas comenzaban a especular con los precios de los alimentos, a las 5 de la tarde era prioritario estar en casa, el tendido eléctrico seguía sin restablecerse, para poder mantener un mínimo de comunicación teníamos que ir al cuerpo de bomberos en masa y en pleno sol a cargar los celulares en los que por suerte, la señal si entraba.
Las replicas mantenían a todo el mundo en un estado de histeria que ciertamente era difícil de asimilar, mi mente no se quebranto a partir de ahí en ningún momento, pero debo decir que esa solución me cuesta infinidad de sentimientos reprimidos, cuando comencé a hacer voluntariado comprendí además que si bien la situación era crítica, como sociedad, no respetamos al otro, camiones con alimentos eran saqueados, la gente agarraba las fundas de comida a las malas, se creaban aglomeraciones peligrosas, todo era caótico. (Mi opinión acerca de nuestra sociedad se merece un pronto post, mucho, mucho más detallado)

El día Martes llegaron refuerzos militares, autoridades, médicos, especialistas, rescatistas, el tendido eléctrico comenzó a ser restablecido por zonas y la tranquilidad de algún modo se estableció, pero sinceramente a dos semanas del suceso, quienes lo vivimos, continuamos sin rumbo, sin entendimiento, sin saber que acciones tomar ante tantos sentimientos encontrados.
Este escrito, ha sido un medio de desahogo, siento no obstante, que aún, queda mucho por decir, mucho por hacer, hay tantas cosas que sinceramente no hacen más que colapsarme..

Gracias por leerme, sinceramente un gracias enorme.

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