La vida es nadar o simplemente hundirse.
Hoy, me apetece hablar de este tema en particular y es básicamente porque he lidiado una vida entera con ello. A día de hoy a pesar de haber pasado por situaciones terriblemente difíciles a una corta edad, y de aún continuar viviendo apegada a limitaciones duras de superar, no he sentido en ningún momento compasión por mi destino, compasión por mi misma, jamás he tenido la verdadera certeza de querer bajar los brazos y parar la lucha. Creo que es innato en mí, aunque sobre decir que de ello, la vida se ha cobrado alto precio.
Entiendo por mi misma, que todo cuanto aconteció a mis frustraciones y traumas generados en la adolescencia, ocurrió cuando yo ni tan siquiera tenía un uso útil de razón, el capítulo de mi vida que me estigmatizo y definió en gran medida, (y por desgracia) mi carácter sucedió cuándo ni siquiera tenía 5 años de vida. No obstante estos episodios, a pesar de no ser lucidos se quedaron en mi subconsciente dormidos, y volvieron constantemente durante años y años, en forma de funestas pesadillas, fobias severas al sueño y a la oscuridad, pasaría no obstante más de una década para poder comprender de que realmente se trataba, pasaría mucho tiempo más para que si quiera me atreviera a admitirmelo, a mí y al resto.
En medida al tiempo transcurrido y a los drásticos cambios suscitados en mi vida, se unió la pubertad, puedo admitirlo abiertamente crecí en constante conflicto conmigo misma, crecí de modo que nadie pudiera notar mis temores internos, eso con el paso del tiempo determino mi punto de infracción, cargue durante mucho tiempo con cargas pesadas. De mis verdaderos seres queridos he vivido apartada cuanto más toda la vida, y aunque actualmente este hecha plenamente al dolor de ello, es innegable que no tener el apoyo y la protección de ellos me hizo ser una persona tan distinta, estar tan a la defensiva, pues la mayoría no dudará en hacerte daño tal cual indefensa te veas, yo tampoco sería una excepción a dicha regla.
Luego se avecinaron muertes y tragedias, yo seguía estando muy sola, y seguía a pesar de mi puberta madurez, siendo una niña pequeña. ¿Cómo podría lidiar con ello y además con mis constantes miedos? Es aquí dónde la situación se puso realmente fea, al no ser capaz de mostrarme débil, al no ser capaz de pedir ayuda, al no ser capaz de gritar a los cuatro vientos que mis demonios internos me estaban destrozando, hallé una salida, dolorosa, encadenante, pero una salida rápida al fin, para no extenderme lo diré claramente: En apenas 6 años, y seguidos plenamente experimente episodios constantes de depresión, auto lesión, y trastornos alimenticios. Jamás, sentí la necesidad de contárselo a alguien, de llamar la atención con ello, jamás sentí la necesidad de contar con ninguna persona, estaba tan hecha a la soledad, que decidí generar una guerra entre mis trastornos y mi yo inteligente, pues siempre supe lo que tenía, siempre supe que lo provocaba, siempre intente mantenerlo a raya, desde que comencé a entrar en esta espiral interminable de conflictos, siempre supe que solo habría un vencedor, o yo, mis traumas. He tocado fondo, me he herido profundamente, he cambiado drásticamente, durante este largo proceso de adaptación y superación he tenido que luchar con la constante ansiedad de mantenerme lucida, y aunque se que no soy perfecta en lo más remoto y lo más mínimo, y aunque la vida siga igual de dura, he aprendido a lidiar con ello,y seguir adelante. No me interesan ciertamente las promesas de un mejor mañana, se por experiencia que mañana todo puede irse aún más a la mierda, puedo afrontar el hecho de que la vida es injusta, de que nos arrebata sin remordimiento alguno aquello que más amamos, pero dentro de todo el tormento que me produce el entenderlo, he comprendido, he apreciado, la sencillez y la calidez de las cosas pequeñas, bien dicen por ahí, que en el jardín de la desesperanza se halla la semilla de la felicidad. Y entiendo por la naturaleza innata de obstinación que poseo, que todo por lo que luchamos constantemente, llega, finalmente el éxito no se halla en las ambiciones más codiciadas, si no en la paz que podamos otorgarnos a nosotros mismos.
La vida es un duro camino, lleno de baches, cristales esparcidos y enredaderas funestas, no obstante es también el mejor viaje de todos, el milagro más sorprendente, la búsqueda completa de perseverancia, la posibilidad natural de que el mundo aberrante que conocemos, tal vez no sea tan complemente malo e irreversible. Como advertencia final diré que honestamente, es un viaje que debe llevarse a cabo con pies de plomo y piel de hierro, en completa soledad, después de todo no podremos contar con nadie, si no aprendemos a contar con nosotros mismos, a vencer a nuestro verdadero enemigo, el que duerme en nuestro interior.

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