Reencuentro en un frío Enero.
Son las cuatro de la madrugada, el hielo se personifica tras los empañados cristales. Que hermoso contraste, y me siento más satisfecho si puedo, todo ello en silencio, tan gélido el invierno y tan incandescentes tus besos. Eróticos los pequeños reflejos de luz que descansan sobre tu piel sudorosa, erótico el salvaje y dulce ruido que se filtra continuamente por las comisuras de tus labios.
Sonrío convincente y me aferro a tu cintura, que más da si es amor, raciocinio puro, o locura...Todo lo que sé, todo lo que siento, es que es inmejorable, irreemplazable. Me pierdo continuamente y sinceramente mis sentimientos no divagan, el placer difumina todo lo existente, por escasos momentos entiendo la fórmula mágica de la felicidad y el éxito.
Descanso agotado sobre tu pecho, tu corazón late a mil y tus uñas aún continúan clavadas en mi espalda, estos escasos segundos de protección y tranquilidad infinitos, son extrañamente mi convicción de vida. Te noto aturdida y temblorosa bajo el caluroso peso de mi cuerpo, que curioso ¿No? Tan pequeña y frágil, pero tan fuerte y segura entre sabanas blancas. Entonces entre sueño y calidez evoco al maestro Marquéz: "No te vayas a morir sin probar la maravilla de tirar con amor."
De repente la poca claridad existente entre nubes cenizas se desliza por la cornisa de mi ventana, la calidez ha desaparecido y el frío es tan palpable que incluso corta. Los recuerdos de una noche de entre muchas se siente lejano y un sabor amargo, a pura bilis se concentra en mi boca. Miro mi cama y esta vacía, no entiendo sin son sueños o sí cada noche te vuelves real y no me estoy volviendo loco de recuerdos. No alcanzó a entender si tenerte noche sí y noche no es un regalo del cielo o la peor de todas mis maldiciones.
Vertiginoso abismo cuál carretera sin fin,blanca por la nieve, terrorífica por la niebla, tan solitaria como mi persona. Tan usual como indescifrable este mismo sentimiento que me acompaña sin detenerse, sin darme tregua alguna. En mi mano llevo un gran ramo de rosas rojas y blancas, tus favoritas, sobre mi cuerpo yace aquella fragancia que tanto te gustaba, mi camiseta favorita roja a cuadros, regalo y vestigio de nuestro primer aniversario. Mi desbocado corazón late, no se si de euforia o preocupación.
El verde césped está mancillado por la nieve, y aún se siente tupido y fresco bajo mis pies. Tomo aliento y te miró a través del viento.
-Te he echado de menos.-susurro mientras el gélido aire del invierno se lleva mi casi ineludible aliento. Y entonces deposito el ramo a mis pies, me siento y te contemplo. Pienso : "¿Será cierto aquello de que el amor solo toca una vez nuestra puerta?" Y lo siento, me enfrento una vez más a la temible pero inexpugnable realidad. Te has ido y soy incapaz de hallarte en otro lugar que no sea mi propia esencia. Y es que, después de tu partida entendí que ya no soy yo mismo,si no más bien partes de ti.
Tu sonrisa reluciente en el cuadro de tu lapida me devuelve al pasado, a días donde todo era mejor, donde la felicidad está tan presente que ni te preocupas por notarla. Y caigo nuevamente rompiéndome en mil pedazos, cayendo al vacío sin freno ni remedio alguno.
Mi corazón estalla en latidos absurdos y sin sentido, coloco mi mano y entiendo demasiado tarde aquello que tan encarecidamente me repetías:
"No quiero robarte el corazón, solo quiero hacerte sentir que realmente tienes uno."
Una lagrima atrevida se desliza por mi mejilla, y aunque la vida me llena de impotencia, solo existe una razón por la cuál me halló plenamente agradecido: Haber coincidido en esta vida.
Nuestros recuerdos son la viva prueba de la eternidad, y aunque la incertidumbre me abrume, la filosofía en la que se resume la vida, es el continuar andando.
Siento un suave tacto en mi espalda, es casi tan perceptible como la calidez de tu cuerpo, y entiendo, mi mente siempre suele jugarme malas pasadas.
-Yo también te he echado de menos.- y entonces me giro desconcertado, mis alucinaciones se han encarnado en mis constantes deseos de verte.
-No fue un sueño, la espera por fin ha terminado.- Y entonces entiendo que el ocaso luego de 50 largos años me otorgó el deseo en el que luego de aquel hórrido Diciembre base mi existencia:
Volver a verte.

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