Tú no eres perfecto, y por eso me gustas.


Necio, inmaduro, insensible y terco. Me crispas, me enojas, me hundes, me entristeces y me desesperas, aveces sinceramente me haces perder todo el raciocinio y la paciencia. 
Pero ¿Sabes? Lo más irritante es que aveces, por todo eso, me haces quererte.
No eres des luego perfecto, y de hecho somos bastante disparejos.
Eres tan imperfecto y tan asimétrico ante mis ojos, que siempre que volteo a mirarte nuevamente lo entiendo.
En el fondo y desde siempre, hemos estado hechos el uno a la medida del otro.

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