Hoy es un día extraño, de esos que parecen aparentemente normales...es uno de esos días que en amanece nublado, bostezas, te levantas con el pie derecho, arrastras las zapatillas, llegas al baño, miras al espejo, sufres un miniataque al ver tus pelos, lavas tu cara, dibujas una media sonrisa. Las nubes lucen perfectas, los niños alegremente corren y hablan por la calle, mientras caminan hacía la escuela, los miras y piensas "Devuélvanme aquella época Encuentras las mismas caras, susurras el mismo "Buenos días" mientras tus ojos no se mueven del libro nuevo que comienzas a leer cada mañana, hechas alguno que otro vistazo por la ventana, y suspiras, pensando, en la grandiosa manía que tiene el conductor de poner aquellas canciones, que te dicen verdades disfrazadas en melodías. Contemplas el mar, la inmensidad. Verás las mismas caras, te sentaras discretamente en tu pupitre, y agacharas la cabeza para tratar de recuperar los minutos que malgastaste la noche anterior , twitteando todo aquello que callas durante el día. Atenderás las explicaciones, te darás algunas bofetadas mentales. Miraras a los perros del colegio, y comprenderás a tu pesar que ellos te caen mejor que la cuarta parte de las personas que estudian contigo, buscaras el lugar más alejado, reirás y contaras cosas que solo dos personas pueden saber de ti.¿Lo odioso? La hora del recreo es tan efímera que parecen solo 10 o 15 minutos. Actuaras como de costumbre, hablarás lo necesario. Cuándo el sonido mágico de la campana suene, correrás y abrirás la ventana, tomaras tu libro, y volverás a pensar que a pesar de ser un momento corto, es uno de los mejores del día. Luego, tomaras la mochila, harás lo que debes, y dedicaras todo el resto de día, a decir todo lo que tus miradas cuentan y tu boca calla. Y así se repite.
¿Que tiene entonces de extraño?
Que los días, tienen el sabor de ser distantes, hay cosas que nunca vuelven a ser lo mismo y lo sabes.
Es un juego impredecible.
Y en realidad, me doy cuenta de que me haces falta tu.
¿No es triste? Bueno, supongo que incluso con la ausencia se aprende a vivir.
Le sonreiré una vez más a esta mañana, que siempre tiene sabor a despedida.

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