Prologo de un alma solitaria
El viento le soplaba en la cara, hacía que su cabello rozara molestamente su ojo derecho, tenía un nudo en la garganta una especie de resentimiento en el pecho y muchas ganas de acelerar, perderse y no regresar. Era invierno y el frío calaba los huesos, sin embargo poco le importaba, el vacío que ahora había en su pecho era profundo y sobretodo, más gélido.
Toma el cigarro y lo apaga contra el húmedo césped, que bonita y
caótica ciudad piensa al observarla desde aquel prestigioso asiento. Había
tenido la peor noche de su vida y la penumbra junto a luz del amanecer se dibujaban perfectamente
sobre una Barcelona esplendorosa y llena de historia. Casi como riéndose de él, como
si nada hubiera pasado. Secó las lágrimas que rodaban por su mejilla, cabe
decir, producto no únicamente a causa del frío. Metió las manos en los bolsillos de su
sudadera y comenzó a perderse rumbo a la nada. En su mente solo habían
recuerdos, oscuros, dolorosos, placenteros y felices que lentamente se convertían en dardos mortíferos. Tenía miedo, estaba
perdido, caminaba entre el presente y el pasado.
Procuró no mirar atrás ni una
sola vez mientras los rayos del sol calmaban un poco la gélida temperatura de
sus extremidades, miró hacia el cielo y sonrió lleno de nostalgia y tristeza.
Los caminos se separan, la gente cambia y la vida sigue.
Siempre lo supo ¿No?
Entonces no tenía de que preocuparse. Trató de mentirse durante un buen rato,
luego sin más miramiento alguno, el alma le explotó en llanto.
A veces es
necesario soltarlo, dejarlo ir, morir en el camino y revivir a la mitad, es la
única manera de volver a la vida.
Ya nada volvería a ser como antes y entonces lo supo no había más caminos.

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