¿Dónde se van?
¿Dónde están las largas y frescas noches de verano? ¿Donde se hallan las guerras de barro y globos de agua? ¿Dónde están las risas frenéticas y sinceras? ¿Dónde están los treinta minutos del recreo? ¿Dónde están las casitas de fango para hormigas? ¿Qué sera de nuestro huerto lleno de frutas y hortalizas? ¿Seguirán las bibliotecarias contando cuentos todos los viernes? ¿Seguirán los niños peleándose por el único columpio del Casal? ¿Aún trabajarán aquellas panaderas tan amables? ¿Habrá siempre novedades en los bazares Chinos y los todo a 100?
Cuantas preguntas, no obstante todas tienen la misma y sencilla respuesta: Cuanto daría por volver atrás, cuanto daría por quedarme para siempre en aquella época. Que sencilla era la vida, cuándo no comprendía de que se traba el mundo en sí.
Que crueles son las ilusiones inalcanzadas, hoy, muchos años después, aunque posiblemente todo, o gran parte almenos, haya cambiado, cierro los ojos y vuelvo. Mis pies caminan por es asfalto, veo a mi perro 7 años más joven, la noche tras el horizonte lentamente me atrapa, el aliento se hace humo ante el helado panorama. Y me declaro feliz, por que en ese momento no añoraba ni deseaba imposibles. Créanme es cierto aquello de "No es feliz quien más tiene, si no quien menos necesita."
Hermosas sencilleces de la vida, aveces creo que luego de partir, una parte muy importante de mí, murió para siempre.

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