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Lo cierto es que este fin de semana tuve que partir rumbo a Quito (La capital de Ecuador), para rendir la prueba de ingreso a la universidad. Y bueno, a pesar de que el viaje siempre es un poco cansado y que tuve un limitado tiempo para relajarme previamente al examen y luego de este, no pude ignorar ni por un segundo la belleza de esa ciudad. No es desde luego la más segura de todas, pero lo compensa muy bien con su atractivo natural y cultural. Para mí que llevo viviendo en un pequeño pueblo desde hará casi 7 años, ver un poco de mundo, siempre supone un aire fresco de sensaciones y emociones. No obstante lo que más me gusta particularmente de Quito, es la facilidad con la que puedes entender el panorama social con muchísima más facilidad. Entender como viven las personas y como se desarrolla la ciudad en sí, para mi supone algo de interés. Después de todo es la capital y gran parte de las decisiones políticas del país provienen de la misma. Debido también a que durante las últimas semanas se han venido desarrollando una serie de conflictos debido a los proyectos de dos leyes más que nuevas, endurecidas, yo en esta ocasión tenía un especial interés por entender como las personas en Quito, o la gran mayoría de ellas se estaban tomando dicha situación. Lo cierto es que, con quienes tuve la oportunidad de hablar, eran bastante indiferentes, después de todo, las leyes realmente no afectan a la sociedad como conglomerado en sí. Y además aún se mantiene el plazo para debatirlas y decidir si entran en vigencia con dichas reformas o no. Pero bueno dejando de lado esos sucesos, quiero contarles acerca de una persona que destacó entre todas las otras. Alguien con quien tuve el gusto de hablar en mi viaje de regreso, alguien que me recordó cuán dura es la realidad y al mismo tiempo, a no desfallecer aunque esta, golpee, y golpee fuerte.
Un aire frío y leve cosquilleo entre mis mejillas y pestañas aquella mañana, Domingo 21 de Junio del año 2015, seis en punto de la mañana. Salí caminando un poco desganada del recinto vecinal, mi tía vive en el extremo norte de la ciudad de Quito, y hasta el terminal en Quitumbre, hay aproximadamente una hora y media, dependiendo del tráfico, las 6 horas de viaje hasta la costa, tampoco me resultaban alentadoras. Encontré una camioneta gris de tamaño mediano aparcada frente a la vereda. Mi tía me estaba enviando con una vecina conocida, y de hecho lo comprendía, nadie quiere levantarse un día domingo a las seis de la madrugada. Quien conducía la camioneta era una mujer pequeña de cabellos negros, tez morena, bajita, de aproximadamente unos 30 años, 2 niñas pequeñas además se encontraban en el asiento trasero. La señora amablemente dio inicio a una charla casual, me pregunto por el examen que había rendido el día anterior y yo le contesté que no era realmente un examen exigente, que al haber rendido la prueba ENES al año anterior, la exigencia de entrar a una universidad estatal era mucho más fuerte. Y ahí dio inicio nuestra verdadera conversación.
Comenzando por que entablamos empatía rápidamente al coincidir en ideología política, lo que realmente me sorprendió de ella, y me ha llevado a escribir de ella es lo siguiente:
"Yo realmente nunca pude continuar los estudios, debido a que mi madre era bastante pobre, lavaba ropa y tan solo alcanzó a darnos la educación básica y secundaria en escuelas fiscales. Cuándo termine el colegio ella claramente me lo dijo "no tengo dinero para costearte la universidad", lo mejor será que te casas con "fulanito de tal" para que soluciones tu vida. Conseguir una vivienda, tener la nevera llena, son cosas que me costaron, trabajo, sudor y los malos tratos de mi marido, malos tratos que continuaron hasta que hace un año decidí liberarme. Ahora soy madre de cuatro hijos, estoy endeudada por que mi marido realizaba todas las compras a mi nombre y aún no termino de pagar este carro que utilizo para hacer fletes. Uno de mis hijos no quiere estudiar y se escuda en nuestro divorcio para ello. Ahora vive con su padre y goza de la libertad y el dinero, que yo en mis limitadas condiciones no fui capaz de darle. Aún así estoy estudiando nuevamente, soy trabajadora de limpieza y mantenimiento no únicamente en casas y apartamentos, si no en instituciones educativas. Y aunque se que seguir medicina, la carrera por la que moría y soñaba, es prácticamente imposible por mi edad, si que me gustaría comenzar a estudiar leyes de manera profesional. Mi sueño es realmente llegar a la asamblea y trabajar por mi comunidad y por todos aquellos que como yo en su día, lo necesitan."
Era una mujer con tres décadas encima, con limitaciones sociales duras y bien conocidas por todos quienes hayan vivido la época negra del 90 al 2000 en Ecuador. Pero aún así sus aspiraciones eran altas. Esas son las personas que me devuelven la fe en una humanidad en decadencia desmedidas, esas personas que de nombrarles la palabra "perseverancia" conocen su significado en amplitud. Y aunque su capacidad es admirable y su fuerza de voluntad inquebrantable...no pude evitar preguntarme...¿Que hubiera pasado si hubiera tenido las oportunidades y posibilidades de optar por una mejor vida? ¿Sería el mundo un mejor lugar si realmente impartiéramos la igualdad de derechos y oportunidades?
Gracias por leerme. Tan solo quería compartirlo.

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