This is the end of the road.


Me recuerdo en desespero, pensando que nunca llegaría, mis cachetes inflados del coraje. Mi muy tierno y joven corazón acelerado, mi mente como siempre negándose al cambio. En aquella época me caracterizaba por ser desde luego muy testaruda,llevaba puesto un atuendo espantoso y caluroso, la humedad del lugar había encrespado mi lasio cabello y los pies me dolían como el infierno, nunca había usado tacones y aquello era desagradablemente nuevo.
Tenía  12 años, un camino largo y muy impredecible por delante, un montón de teorías poco útiles y la convicción de que aquello, de que en aquel momento no se avecinaba nada, absolutamente nada bueno.
Durante 6, casi 7 largos años viví rogando para que el reloj de arena acelerara la caída de los granos, para que el olvido me embargara el subconsciente, para que mis fuerzas renovadas me permitieran dar tal salto, que jamás pudieran devolverme al pasado. Que todo, todo cuanto dolor y miseria me hubiere causado quedara para siempre enterrado.
Hoy comienza la cuenta regresiva, el tiempo se ha consumido con un rápido y dañino cigarro,  cargado de adictiva y tóxica nicotina de tristeza, con humo amargo de recuerdos tan hermosos como hirientes y dolorosos. No queda hoy nada en mi de cuanto un día fui.
¿Los problemas? Han sido fieles, desgraciadamente más fieles que la amistad y nunca han optado por abandonarme, a mis demonios les he ganado todas las batallas, pero aún nos queda la guerra. 
La sensación de vacío en mi interior es muy recurrente, solo me tengo a mi para asegurarme fortaleza, temple y comprensión, Tengo un nuevo compañero de viaje, uno despreocupado e infantil, uno al que envidio de tantas y multiples maneras, pero para ser sincera no estoy segura de él, así como jamas lo he estado de nadie, mis sentimientos son incondicionales y eso es lo que más pudiere dolerme, aunque el llegue a fallarme, abandonarme, o incluso herirme tanto como en su día, yo seguiría queriéndole tan solo a el, como el primer día, desde los cientos de días que he tenido el placer de compartir todo con él. ¿Siempre le perteneceremos a alguien? Aveces pienso que es una lastima más aún cuándo no podemos darnos el lujo de tomar la pertenencia de alguien.

Lo cierto es que el tornado y el terremoto han decidido aliarse ahora mismo sacuden mi vida, y por momentos pierdo números, nombres y direcciones. Me siento sola, triste y algo desesperada. Pero lo que me derrumba más es que eso, no es novedad. 
Aún así...estoy aquí, y tengo cientos de cicatrices muy marcadas para demostrarlo TODO es mejor que rendirse, más aún ahora cuando todo haya de una vez por todas finalmente acabado.

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